Web-novela: Nicole. Capítulo II: Llamada.

Hola, linda gente. Hoy, les subo el segundo capítulo de mi web-novela: Nicole. Este capítulo es algo lento, ya que solo muestra algo del pasado de Boris y como se contacta con Nicole. 


A todo esto, el capítulo estaba listo desde la semana pasada, pero no quería subirlo, ya que no lo había corregido. Espero que no tenga muchos errores.

Próximo capítulo, en marzo; quizás y lo más probable a finales del mes.

Nos vemos~.






Capítulo II
«Llamada.»

—¿Qué quieres para Navidad? —La mujer agarró el brazo de Boris y lo apretó cerca de su pecho.
—Podría ser el disco nuevo de Phantom Ville —se giró sobre sí mismo y tomó a la mujer de su cintura, para luego atrapar sus labios en los de él. Masajeó sus bocas y lentamente saboreó el brillo labial de la mujer —. Me encanta el sabor a damasco en tus labios, cariño.
—Lo sé, Boris. Sé que te encanta el damasco y mueres por probar mis labios cada vez que uso éste brillo, o cuando como la fruta…
Boris sonrió en una larga y agradable mueca, sus ojos brillaron y levantó a  la mujer dando una vuelta completa: —me conoces muy bien…
—Bájame… —la mujer intentó soltarse del agarre del hombre, pero fue en vano. Sabía que Boris era un hombre decidido y que cuando se cansará recién la dejaría en el suelo, sana y salva.
La gente a su alrededor los vio como adolescentes en plena primavera y al pasar por el lado mostraban una sonrisa juguetona y desaprobatoria. Las personas no estaban acostumbradas a ver acciones de afecto en gente como ellos, que parecían serios y un poco mayores; aunque Boris tuviera 24 años y ella 26.
El cielo despejado caía en una calurosa tarde de diciembre. Boris había salido muy contento del trabajo y ahora se encontraba con Amanda quién le sostenía la mano en la suya, entrelazando sus dedos poco a poco, jugando con ellos. Ambos caminaban por la Avenida Francisco de Aguirre en dirección al Mall en busca de los regalos para sus familiares y para ellos mismos. Había bastante gente rondando por las calles,  aparecían como hormigas en estas fechas y parecía que cada año aumentaban en cantidad.
—Amanda ¿qué harás mañana en la noche?
—Nada, ¿por? —tocó su cabello que descendía en una melena negra y brillante.
Boris, bajó la velocidad de su andar y apretó con fuerza la rechoncha mano de Amanda, intentando controlar su nerviosismo. Era un hombre nervioso que intentaba pasar desapercibido.
—¿Te paso a buscar en el auto?
—¿Ya está arreglado?
—Mañana me lo entregan —suavizo el contacto—; no me cambies el tema… quiero que mañana salgamos en la noche.
—¡Oh! —Amanda se detuvo y giró sobre sus talones y lo miró sorprendida —¿A dónde quieres que vayamos?
—Quiero que cenemos en el Tololo Beaf.
—¡Wuau! —Soltó la mano de Boris —¿por qué allí? ¿Qué tienes en mente? —Amanda comenzó nuevamente a caminar, dejando atrás a Boris.
Una ráfaga de viento tibia sobrevino del sur y las bocinas de los colectivos se hicieron sonar con estruendo, al igual que el llanto de un bebe en el paradero. Boris sintió que Amanda se estaba alejando de él. La sintió lejana, como si fuera a desaparecer en ese mismo instante. «Ella me…», intentó pensar antes de cerrar su conciencia y perseguir a su polola y agarrarle nuevamente la mano. La sostuvo para que no lo dejara.
—Quiero… —se perdió en la mirada azabache de la mujer —que cenemos y la pasemos bien. Hace tiempo que no vamos a algún lugar en la noche.
Amanda siguió caminando y soltó un poco la mano de Boris. Miró a ambos lados de la calle y cruzó: —sí, es verdad. Hace tiempo que no me sacas a pasear.
Boris aumento su paso, para alcanzar a la mujer y cuando llegó a su lado, volvió a tomar su mano. Apretó los huesos de la mano femenina un poco, sin llegar a ser brusco y acompasó el caminar. Amanda estaba actuando extraño. Sí, ella ya no era la de antes, estaba ida y un poco apática… No entendía por qué, pero cada vez que intentaba preguntarle qué era lo que pasaba, ella respondía que era su imaginación y cambiaba rápidamente el tema.  
—¿Boris pasa algo? —Intentó que le hombre soltara su mano, pero era inútil.
—Nada, cariño… Solo qué… —soltó a Amanda y se giró para abrazarla. Tomó por la parte trasera del cráneo de la mujer y lo llevó hasta su pecho —. No quiero que te alejes de mí, eres lo mejor que he tenido en esta vida.
—Lo sé… Sé que soy la mejor…
—Sí la mejor, y por eso te amo —separó el cuerpo de la mujer del suyo y la beso en la frente. Amanda era su todo… Era su luz…
—Yo también te amo, Boris —Amanda rodeó con sus brazos al hombre —. No sabes cuánto te amo.»

La suave voz de Amanda resonó en mis oídos y sentí que los brazos de ella en mi cuerpo… Sentí su perfume y mi pecho se oprimió un poco. Aún la seguía amando, pero ella ya no estaba y no volvería… probablemente.
Me desperté.
—Bebí demasiado ayer —toqué mi sien y me levanté con pereza. Arrastré mis pies hasta la cocina, donde agarré un vaso desde el lavaplatos. Abrí la llave y lo llené de agua. La bebí.
Siempre me he preguntado ¿por qué cuesta tanto olvidarse de alguien importante? ¿Por qué simplemente no existirá una pastilla que borre los recuerdos? Sería más fácil continuar. Todo sería mucho más sencillo.
Estiré mi cuerpo y volví nuevamente a mi dormitorio, donde me tiré a la cama y encendí la televisión. Intenté recordar lo que había hecho el día anterior… Mmmm, mi trabajo había estado horrible, quise reventarle la cabeza en el piso a mi estúpido jefe; el muy huevón me había echado la culpa de un proyecto siendo que él lo solicito así… Me irrita ese hombre.
Cabeceé un poco buscando más recuerdos en mi mente hasta que llegué a los del pub. ¡Oh, cómo pude olvidarlo! ¡Cómo me pude olvidar de la chica que conocí! ¿Cómo se llamaba? Amanda… No, no se llamaba así… Nina, Antonia…
Me levanté de la cama y fui hasta el sillón  en la esquina de mi habitación y tomé el jeans y busqué en sus bolsillos. Di con el papel que ella me entregó y lo revisé. Allí al final del número de teléfono salía el nombre.
—Nicole —regresé a mi cama —, con que así te llamabas.
Volví mi atención a la televisión. Mi mente se perdió en la noticia de una modelo que había tenido un accidente y que había muerto durante la madrugada. Pobre. Sin pensar mucho, bajé mi vista hacia el papel y lo observé con detención. Ella, Nicole, me había dado su número telefónico y está era mi oportunidad para llamarla y concertar una cita. Después de todo, hace tiempo que no salía con una mujer y me sentía solo… La televisión no era un muy buen compañero: llenaba la habitación de ruido, pero no de compañía.
Nuevamente me levanté de la cama y busqué mi celular, lo tomé entre mis manos y me dispuse a digitalizar el número. Lo marqué y esperé un poco; pensé que le iba a decir. No quería sonar desesperado, idiota o calentón…
Respiré y llamé. El timbre de llamada comenzó sonar. Esperé unos segundos y luego del cuarto pito, la voz femenina de ayer resonó en mi oído.
—Aló, ¿con quién hablo?
—Eh, hola. Soy Boris, ayer nos conocimos en el pub —sentí mi voz nerviosa, pero continué: — tú, tuviste que dejar el lugar y me entregaste tú número de celular y quise llamarte.
—Ah, hola… Siento lo de ayer, pero no creí que me llamarías tan rápido… Ya sabes todo eso del interés hacia una mujer que recién conoces.
—¿No tenía que llamarte?
—No, no… no me refiero a eso —Nicole guardó silencio un poco —. Olvídalo. ¿Para qué me llamas?
Me golpeé la cabeza y me puse firme conmigo mismo: —¿Quieres salir conmigo mañana?
El sol llenó mi habitación por completo y reflecto en la pantalla de la televisión. Tomé el control y apagué el aparato. El silencio inundo por completo la habitación y solo podía escuchar la respiración relajada de Nicole, por la línea celular.
—Sí, ¿a las 16:00?
—Sí, me parece genial. Te espero en Mall.
—Ya… en el Mall. ¿En la puerta principal?
—Sí.
—Boris, nos vemos.
—Adiós, Nicole.
Corté la línea y me tiré en la cama, dejando a un lado mi celular. Había sido sencillo quedar con una mujer. Y pensar que meses antes no me hubiese visto pedirle a una mujer «extraña» salir. Quizás estaba superando a Amanda.











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