jueves, 23 de marzo de 2017

Cuento: El molino





El molino


«Aspiró el aroma a humedad y miró el molino con rabia. Aquella construcción no había traído más que desgracias a su familia y, en especial, a ella. Como odiaba aquel sitio.

Suspiró al llegar hasta el molino lleno ramas y arbustos. Frunció sus labios y golpeó la madera podrida:


―¡Desaparece de una vez por todas! ―Su ira fue lo suficientemente grande para desencajar la rueda y botarla. Está cayó con un estruendo sobre el río y los árboles comenzaron a danzar con furia. La muchacha se asustó. Los árboles encolerizados por ser despertados, arremetieron contra ella, al igual que las aguas del río. La mujer huyó lo más rápido de allí».



domingo, 19 de marzo de 2017

Pensamiento 222



«Detalle por detalle,
Su mano trabaja.
Y nunca acaba».

domingo, 12 de marzo de 2017

Pensamiento 221



«El olor y sabor de la belladona
Envolvieron a su ser.
El olvido era un buen remedio».



jueves, 9 de marzo de 2017

Las leyendas devoradas



De seguro las leyendas, nacieron en el momento en que el ser humano logró comunicarse. Han sido una fuente valiosa de información por generaciones, donde cada vez que se contaba un nuevo detalle era creado. Las palabras cobraban vida y la gente disfrutaba al escucharlas. Eran transmitidas de boca en boca. Sin embargo, cada vez desaparecen más, solo quedan las populares, las escritas en textos escolares o las descubiertas por autores dedicados a ellas.

Alguna vez se ha preguntado: «¿cuántas leyendas sé (fuera de las populares del país o región)?» De seguro la respuesta es no. Hoy es difícil hablar de ellas, ya que son historias de otros tiempos, contadas por viajeros o por lugareños. Eran una gran fuente de información. De ellas se podía descubrir hábitos, creencias, sitios hermosos e incluso se podía saber qué tipo de persona era quien la narraba. Eran útiles para dar esperanzas o miedo. Pero hoy, son solo palabras que pertenecen al género leyenda. Sí, hoy son un género. Y solo existen por los autores que salen en su búsqueda y por sus lectores (y estos las guardan para sí mismos).

Los libros de leyendas son pocos. ¿Quizás el mercado no las quiere? ¿Las personas no están interesadas en ellas? No lo sé con exactitud. Pero las veces que he viajado, siempre me detengo en alguna librería para saber si venden algún libro de leyendas de la zona, sin embargo, solo tienen el típico libro con las leyendas populares del país. ¡Qué triste! Y uno se pregunta: «¿dónde están los autores de recopilación de leyendas? ¿Acaso existen? ¿Cansados se dieron por vencidos, ante la gran cantidad de información que día a día es transmitida por los diferentes tipos de comunicación?».

Las leyendas de generaciones mueren y poco se puede hacer. Las personas que conocían las leyendas de antaño, están desapareciendo con el tiempo y este se devora las palabras que nadie quiere escuchar. Y no solo eso, la gente de diversas localidades no les interesa mucho conocer las palabras de viejos tiempos, ya que prefieren otras fuentes de información o entretenimiento. Buscan otras emociones.

¿Cuántas leyendas tendrá el mundo? ¿Cuántas más podrán sobrevivir al tiempo? Ambas preguntas son complicadas de responder, pero aún hay esperanzas de rescatar las pocas que quedan y mostrarlas. El mundo cambia y por ello mismo, es necesario buscar la manera de mantenerlas vivas, aunque sea solo en lugar que se vive. Hay que intentar rescatarlas y permitirles vivir un poco más.



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Hola. Espero que les haya gustado. A partir de ahora subiré pequeños artículos como este.


Saludos.



domingo, 5 de marzo de 2017

Pensamiento 220



«Bucles de vida insana.
Bucles de felicidad robada.
Bucles de nada.»