sábado, 14 de febrero de 2015

Relato: A un grado de amistad.



Hola. Mucho tiempo ha pasado desde que escribí lago que no fuera «Pensamientos de la semana». Hoy, les traigo un relato que escribí el año pasado y que estuve un tiempo en corrección hasta que me gustara. Lo subo hoy por el día de San Valentín.




Ficha:

Título: A un grado de amistad.
Autor: Ann Suou D.
Clasificación: para mayores de 18 años.
Género: recuento de la vida, erótico.
Estado: terminado.
Licencia:

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A un grado de amistad by Ann Suou D. is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.
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Sinopsis:

Luis y Alonso son amigos desde hace mucho tiempo. Un día Alonso llega hasta la casa de Luis y le pide un favor. Luis acepta sin medir consecuencia alguna. ¿Qué tipo de favor le habrá pedido Alonso a Luis? ¿Qué tipo de consecuencia podría acarrear?


A un grado de amistad.
Por Ann Suou D.





«Sorpresa», era la palabra para describir lo que sentía en esos momentos Luis Ribera Aguilar. Nunca en su corta vida había entrado tan rápido en aquel estado donde su cerebro no pensaba, donde no podía pronunciar palabra alguna y sus músculos estaban paralizados. ¿Qué podía hacer en ese mismo instante? ¿Golpear a la persona en frente? ¿Correr? ¿Insultar? ¿Aceptar? No, no sabía qué hacer, qué decir o cómo actuar.
La habitación se había quedado en silencio por completo. La luz del día poco a poco desaparecía por los edificios que cubrían la playa y el mar. La oscuridad era acompañada por la luz de las farolas que se encendían una a una.
Alonso Rojo Rojo, estaba colorado, nervioso y miraba a todas direcciones buscando una salida. Quería huir, salir lejos de ahí y no ver por lo menos en una semana a su amigo. ¿Qué había pasado por su mente al decir aquellas palabras? «¡Estupidez!» Esa era la palabra que representó su actuar. Era un tonto. Nunca en su vida, había visto a Luis de aquella forma, sin lograr hilar palabra alguna… con la mirada perdida quien sabe en dónde.
—Lucho, ¿estás bien? —La maciza mano color canela de Alonso se posó en el hombro recto y formado de Luis, para que el hombre se calmara. Era notorio el impacto de sus palabras.
—N-no… —la voz de Luis flotó cortada y baja. La conmoción aún en su mente, no lo dejaba responder con claridad. Y se alejó de Alonso. Caminó hasta el pasillo, entre la cocina y el comedor y regresó sobre sus pasos.
Alonso observó a Luis nervioso. Sus manos comenzaron a temblar y su garganta comenzó a doler. Nunca debió de decir aquellas palabras. Sabía que era una mala idea. Siempre lo supo.
—Hombre, si tanto asco te da —suprimió su voz nerviosa —, simplemente dime que no. Lo entenderé —la voz varonil de Alonso viajó por toda la habitación —. No somos unos críos y no voy a enojarme o algo por el estilo… y no debería enojarme tampoco—caminó por la sala para quitar la vergüenza y habló: —¡olvídalo entonces! ¡Haz que nunca paso! —la última oración alzó la voz.
Luis giró su rostro confundido hacia su amigo Alonso. Era evidente que su amigo estaba nervioso y tímido, cosa extraña en él; ya que era un hombre decidido, tenaz y de postura inquebrantable. Pero el hombre que estaba al frente de él era otro.
—Al, lo siento… — Luis se llevó su mano derecha a su frente y se tapó con ella parte de los ojos —. Espera un momento para tragarme lo qué acabas de decir… — su corazón latía intranquilo. De verdad no sabía qué decir o por dónde empezar.
—Yo… —Alonso movió sus manos, las unió, las separó y las frotó —. Es mejor que me vaya… —dio un paso hacia la puerta, pero cuando agarró el pasamanos, la voz de su amigo cubrió todo el espacio.
—¡Detente! Espera un poco, deja que mi cerebro comience a funcionar correctamente, así que espera ahí sentado —apuntó al sillón en forma de ele de su living, nervioso y enojado.
Alonso, se devolvió y se sentó sin decir nada. Miró al vació.
Luis observó a su amigo, quieto. El hombre en sí era atractivo, no un Adonis, pero tenía lo suyo. Su cuerpo estaba bien formado, se cuidaba y tenía una personalidad cautivadora, era un buen prospecto para pareja, aunque sus relaciones nunca duraban más de tres meses, ¿quizás su personalidad mandona? Podía ser… Pero Luis no entendía por qué Alonso le ofreció aquella oferta. No lograba quitar de su mente las palabras dichas por el hombre:
«Luis, hace un tiempo que estoy curioso y si te preguntas por qué ahora vengo en busca de ello… no sabía cómo o a quién pedirlo. Lo pensé por mucho tiempo y creó que tú eres perfecto para ello; eres guapo, tienes buen cuerpo y tienes experiencia… Así que, ¿quieres follarme? Será una vez y luego haremos que nada sucedió ¿sí? ».
«Mi amigo es gay, aún dentro del clóset», fue lo primero que vino a la mente de Luis, pero lo desecho casi de inmediato, porque le conocía varias amigas con ventaja y las miradas que le daba a las mujeres no dejaban para nada a la imaginación, se las comía. Alguna idiotez se le había metido, cómo cuando estaban en la universidad y había visto el documental de los genios y al día siguiente se colocó a leer todo tipo de libros para mostrar sus conocimientos. Alonso era bastante fácil de manipular hasta cierto grado. Aunque bien podía ser bisexual…
El reloj digital del mueble del televisor, mostró las seis y media de la tarde. Era tiempo de dar una respuesta o una parte de ella. Aunque no estaba seguro de lo que realmente iba a decir; dejaría a su mente hablar sin filtro.  Luis se acercó hasta el sillón y se sentó al lado de Alonso. Habló:
—Alonso, primero que todo quiero saber ¿por qué quieres tener sexo con un hombre? —Apoyó sus brazos en el respaldo y observó pensativo el cielo de su sala.
—Mmm, porque —llevó su mano derecha a su mentón — me he estado preguntando qué se siente que te la metan — su voz cambió ligeramente de ánimo—, ya que una vez con una de mis amigas tuvimos sexo anal y ella lo paso de maravilla y me pregunté por qué lo disfrutaba tanto y luego, quería saber qué se sentía.
—Ya —, una larga pausa se dejó estar — ¿Intentaste el penning con alguna chica?
—No, porque su piel es diferente al igual que su fuerza. Además, quiero saber que se siente ser tomado por un hombre, no por una mujer; aunque… quizás después lo intente con alguna.
—Ah —cerró sus ojos y tomó una posición defensiva—, por lo cual, solo quieres saciar tu curiosidad ¿no?
—Sí, solo eso —Alonso giró su rostro y miró con ojos brillantes a Luis— ¿o pensaste que me gustabas de «esa» forma? —Sonrió mostrando sus dientes.
—Un poco, sí —sintió un pequeño síntoma de rechazo—; porque te conozco y sé que tú no te acercas a las personas a pedir sexo, simplemente seduces a las que te gustan y de las tiras… Eres casi una puta —remarcó con énfasis la última palabra.
Sí, Alonso era conocido en el círculo de sus amigos como la «putita», ya que siempre andaba hablando de quién, cómo y cuántas personas se follaba. Le gustaba mostrar que era un jugador, además de ser atractivo para las mujeres. Aunque, le colocaron ese sobrenombre no por acostarse con cuanta persona quisiera, sino, porque a los demás muchachos les daba envidia que el hombre se acostara con cuanta mujer se encontraba y muchos de ellos ni siquiera podían hablar bien frente a una.
—¿Cómo eso de casi una puta?
—Bien lo sabes —torció sus labios junto a su mentón —, casi todas las semanas están con una nueva…
—Sí —golpeó con su mano izquierda su muslo derecho—, pero es disfrutar de los placeres que se nos otorgó a los hombres. Hay que aprovechar mientras aún soy joven y atractivo —se peinó su rubio cabello desaliñado hacia atrás, a la vez que sonreía.
Alonso era una atracción para cualquiera. Con aquella personalidad ¿quién no caería a sus pies? Eso bien lo sabía Luis. Esa personalidad lo atrajo a él mismo. Alonso era hechizante. Era lo que siempre quiso para su personalidad, aunque sabía muy bien que eso era imposible. Uno no escoge la personalidad, ella solo se forma dependiendo de las experiencias y, quizás de los genes de la familia.
—Bien, lo que digas —se movió en el sillón —. Pero aún estoy un poco confundido ¿por qué te quieres acostar conmigo y no con otro tipo? —Preguntó con nerviosismo —¿Soy tú tipo o algo así?
El muchacho cruzó las piernas, las descruzó y se giró sobre su asiento y quedó casi frente a frente con Luis. Ambos eran casi de la misma altura, aunque Luis era dos centímetros más alto y más formado. Tenía un buen cuerpo… Sabría cómo tomarlo…Tendría la fuerza para empujar…
—Te elegí, porque me da vergüenza comprar a un puto o ir a una disco gay —escupió sin temor a qué Luis lo rechazará. Era mejor hablar con la verdad frente a Luis, porque este se daba cuenta fácilmente de la información oculta —¿qué dirán si me pillan por esos lares los muchachos? ¡¿Eh?! Todos creerán que me volví gay —sacó su pecho —, y eso no lo soy.
La habitación se volvió completamente oscura. Luis se levantó, encendió las luces y volvió a su asiento sin decir nada. Quedó frente a Alonso.
—¿No lo eres? —Lo ojeó intentando ver más allá de sus claros ojos cafés. Quería descifrar la extraña expresión de su amigo. Y la verdadera razón de su propuesta.
—No, no lo soy —se movió en el sillón—. Ya te lo dije que lo hago por curiosidad… Es como una fantasía —empuñó su mano derecha y golpeó la palma de su mano izquierda—. Una fantasía masculina —terminó la frase y guardó silencio, mientras se mordía el interior de su labio inferior—. En un artículo de internet, leí una lista de fantasías masculinas y una de ellas era estar con otro hombre —calló y se mordió su labio por fuera —, me faltaría la del trío solamente… ya he completado las otras —se echó sobre el respaldo del sillón, colocando una posición cómoda en el objeto.
     »Y te escogí a ti —apuntó a Luis —, porque llevamos mucho tiempo juntos. Desde el colegio y sé que no tienes ninguna enfermedad, estás actualmente soltero, no eres un tipo de sentimientos pomposos y melodramáticos y tienes un muy buen cuerpo que sabrá como tomarme. Por ello te escogí —. Cruzó sus brazos y observó a Luis con determinación. Como si dijera «solo acepta».
Luis no sabía que decir, por un lado estaba contento de algunas palabras que dijo su amigo; pero que lo considerará un hombre sin sentimientos era cruel, ya que las pololas[1] que tuvo, las quiso con su alma; aunque al final la relación nunca funciono. Él era muy sentimental, aunque nadie lo sabía. Lo escondía para no resultar dañado.
—¿Alguna otra pregunta? —Soltó Alonso con confianza desmedida.
—Sí —respondió a galope—, ¿cuándo lo quieres llevar a cabo? ¿Y quieres a pelo o con gorro? ¿En mi casa o en tú casa? —Las palabras simplemente salieron de su boca, su mente no pensó con claridad y su impulso absorbió por completo a su racionalidad.
Los ojos de Alonso se iluminaron y una larga y risueña sonrisa se formó en su rostro juvenil. El muchacho se levantó y dio un ligero saltito de victoria.
—El próximo fin de semana, ya que podemos tomar once aquí y nos preparamos para una noche de éxtasis —. Alonso se volvió a sentar en silencio, bajó los hombros y se sonrojo en tono suave —lo quiero a pelo —guardó silencio unos minutos, bajó la mirada y luego la elevó apenado —¿por qué no tienes ninguna enfermedad, no? Porque yo no tengo ni una, estoy sano como un yogurt —sonrió con timidez.
—No, no tengo nada.
—¡Genial! —Se arrojó a los  brazos de Luis. Lo abrazó ligeramente, se levantó y salió de la casa de su amigo. Era mejor huir, para que Luis no lograra pensar y cambiar de opinión. Era la mejor táctica que podía hacer.
***
Cuando el despertador sonó a las seis de la mañana, la realidad cayó en los hombros de Luis. Hoy, era lunes y faltaba cuatro días para el «evento», como lo había llamado en las últimas horas. A veces su mente y su corazón eran completamente extraños, era como si fueran dos Luis y les gustaba contradecirse. Bueno, siempre fue así desde pequeño. No estaba seguro por qué acepto tener sexo con su amigo, aunque muy en el fondo, él también sentía curiosidad por el sexo entre hombres. Sería una buena experiencia, «creo» pensó mientras se levantaba de la cama.
Luego de una ducha helada, su mente se desperezó. «Hoy sería un largo día», pensó mientas se miraba al espejo para peinarse, a su vez se ajustó su corbata verde oscuro a su blanca camisa. Tenía que averiguar un poco sobre el sexo anal entre hombres. Porque no estaba muy seguro de ello.
Luego de que Alonso se fuera en la noche, Luis se dio cuenta que aceptó la propuesta de su amigo sin ningún prejuicio e hizo que se replanteara su propia vida, o mejor dicho, su sexualidad. Aunque, acostarse con Alonso no significaba más que un revolcón, uno más del montón que había en su vida. Pero, está era su primera vez con un hombre y no estaba seguro ciento por ciento de que su «amigo» se colocaría contento y trabajaría a vapor; y por otro lado, no estaba muy seguro sobre el sexo entre hombres, ya que nunca en su vida tuvo sexo anal con ninguna mujer. Él era un hombre de tradiciones.
Se palmeó sus mejillas, se dio la vuelta y partió a su trabajo. Hoy no pensaría en nada. Hoy, su mente se concentraría en el trabajo y en nada más. «Fuera distracciones», se recitó mientras cerraba la puerta de su casa.
Al llegar a la oficina, Luis logró concentrase por completo en sus tareas y fue en cierta manera eficiente en ejecutar su trabajo diario; aunque, a mitad de la mañana su mente se perdió en su imaginación, ya que en varias ocasiones los labios de Alonso se presentaron, suaves y rosados; para después transformarse en el cuerpo desnudo del hombre junto a una piel de ensueño. El hombre se ofrecía como si tuviera un cartel en su cuerpo que decía: «tómame». Luis se golpeó la punta de su nariz para seguir con el papeleo. La vida era dura a veces.
Durante la hora del almuerzo no dejó de pensar en cómo sería su primera experiencia con un hombre. Porque su primera vez con una mujer, fue algo triste, o mejor dicho, sintió que dio pena. No había achuntado a la primera y lo hizo todo muy rápido y la chica sufrió un montón. La segunda vez fue mejor y se felicitó por su experticia. ¿Cómo sería hacerlo con un hombre? Primero debería de lubricar bien el ano, ya que los hombres no podían mojarse como las mujeres… sería un poco difícil de hacer.
Al finalizar la jornada laboral, se dio cuenta que pensó en su amigo y en nada más. Se auto castigo, él no era esa clase de persona. Él era responsable.
Más tarde, al caminar por la calle hacia la estación, Luis recordó nuevamente a Alonso y pensó en su cuerpo: Alonso era un hombre delgado y de cuerpo tonificado, así lo había visto en el último verano, cuando fueron en grupo a la playa; además olía siempre bien, ni que decir de sus manos: eran grandes y dedos delgados que lo ayudaban en su trabajo de pintor. Bueno, las pinturas de su amigo eran interesantes y le iba bien en cuanto a las ventas. Podía vivir de su trabajo. Aunque lo que más le gustaba de Alonso, era su personalidad avasalladora y fuerte, a veces demasiado directo para ser un hombre de arte, pero sin duda alguna un poco gruñón y tenaz.
Al llegar a casa, colocó la tetera y prendió el notebook. Mientras cargaba el buscador, puso las cosas en la mesa y regresó hasta su escritorio. Se sentó y comenzó a buscar sobre sexo entre hombres —abrió la ventana de incognito—, la cantidad de información era alarmante. Sin pensar mucho dio clic a la primera página que mostraba el buscador y saltaron un montón de imágenes de hombres mostrando sus penes o en poses sugerentes, unos lampiños, otros peludos, muy jóvenes, de mediana edad, viejos; era un festín de hombres. Un leve cosquilleó golpeó a su cuerpo por completo. Movió el scroll hacía abajo y observó a muchos hombres desnudos, siendo penetrados por uno o más, colocando caras de éxtasis y pidiendo por más.
—¿Dolerá? —Preguntó en voz alta a sí mismo y siguió buscando más información, ya que no quería parecer un novato en el asunto. Él era muy orgulloso sobre información se decía. Una de las cosas que más le gustaba era que la gente pensará que él, era una enciclopedia con patas.
Buscó un poco más y dio con varios vídeos, al igual que un blog dónde explicaba paso a paso la primera vez en el sexo entre hombres de forma sencilla, e incluso, estuvo tentado a escribir un comentario agradeciendo la información; pero le dio miedo de qué descubrieran quien era él.
Luego de su viaje por internet, se sentó en la mesa a tomar once y ver un poco de televisión antes de ir a bañarse y colocarse a terminar el vídeo juego que le estaba dando más problemas de lo que pensó en un principio.

***
Los días pasaron como una ráfaga de doscientos kilómetros por hora. Y faltaba menos de una hora para que la jornada laboral terminará y con ello el comienzo del fin de semana. Cada día que pasó fue una tortura, ya que a cada minuto se ponía más y más nervioso; incluso comenzó a dolerle la barriga y la tensión crecía.
Cuando despertó, un nudo se aferró con intensidad a su garganta y a su estómago y el malestar persistió durante toda la jornada laboral. Estaba nervioso, eso bien lo sabía. Estaba muy nervioso. Mucho.
—Luis —la dulce voz de Angélica lo llamó desde el escritorio frente a él —,  don Camilo Serrano te llama —la mujer le entregó el teléfono inalámbrico.
—Gracias, Angélica —. Agarró el auricular: —Don Camilo, ¿dígame?
—Luis, sé que es tarde para pedirte esto, pero necesito que me edites la base de datos de los dos últimos meses, ya que hay un error en unos datos y necesito la tabla para el lunes a primera hora ¿podrás hacerlo ahora mismo? —la respiración del hombre al otro lado del auricular sonó pesada.
Luis bufó en su interior. A veces odiaba a su jefe, porque siempre salía con la edición de las bases de datos que él tenía que hacer. Pero siempre se resignaba y lo hacía de todos modos. Suspiró un poco sin que se notara y respondió afirmativamente al hombre detrás de la llamada. Al poco rato le llegaron los datos para corregir y se puso a trabajar. Antes de ponerse de lleno en la tarea, le envió un mensaje a Alonso para que lo esperara en la casa, iba a llegar un poco tarde.
A las siete y media terminó de arreglar toda la base de datos y se arregló para marcharse a casa. Quería descansar la vista.  Luis salió de la oficina, luego de despedirse de Marcelo, el guardia, y caminó hasta la estación. Pero decidió pasar por el supermercado antes y comprar una botella de vino y comida para picar. Alonso se sorprendería.
En los últimos días, solo podía pensar en Alonso, no había nada más en su cabeza. Aquello le preocupó, pero no le dio importancia. Después de todo, el evento de hoy podría ser bueno o malo para su amistad. A él no le gustaba mezclar sexo y amistad. Pero aún no comprendía del todo, por qué aceptó la propuesta de su amigo. ¿Había algo mal con él? ¿Necesitaba sentir el cuerpo de otra persona entre sus brazos? ¿La soledad se estaba haciendo sofocante? ¿Podía aceptar un revolcón sin sentimientos de por medio? ¿Solo sexo?
Su mente era un caos. 
Al bajarse del colectivo[2], aspiró con fuerza antes de colocarse a caminar. El nudo en su estómago aumento, se parecía cuando tuvo su primera vez con su segunda polola. Sí, su «segunda» vez fue algo parecido, el mismo nerviosismo, el mismo miedo en sí… aunque fue un poco incómodo, ya que le costó meterla a la primera y la chica se rió de él, por su inexperiencia; sin embargo, ambos la pasaron bien, después de todo se amaban.
Luis llegó hasta el antejardín de su casa y abrió la reja. Desde que era pequeño había soñado con su propia casa, a los veinticinco logró concretarlo y en solo siete años más, la casa sería por completo suya. La primera vez que vio la morada, la quiso, fue amor a primera vista y poco a poco junto el dinero necesario para postular a la adquisición de su hogar. Al conseguirla, vivió con lo mínimo, puesto que había gastado todo en la compra y apenas tenía para comprar los utensilios básicos; tres meses más tarde tenía una cocina, un refrigerador y una mesa. Y meses después, su casa contaba con todo lo necesario para vivir. Ésa había sido su primera meta.
El cerrojo de la reja cedió y entró en silencio. Cerró la puerta negra de la reja y pasó por el antejardín verde, iluminado por farolas de luz blanca y de plantas varias, que en primavera florecían en colores vivos y ricos. En ciertas esquinas donde estaba pavimentado, había maceteros cafés con helechos y aloes. Y, por último, en la parte donde se colocaba el auto —aún no tenía el dinero suficiente para comprarse su auto soñado—, estaba su bicicleta, la cual utilizaba los fines de semana, para ir a la playa que quedaba a media hora.
Con una bocanada de aliento introdujo la llave y entró a la casa. Quería huir, pero al mismo tiempo quería sentir las sensaciones que le entregaría el encuentro. ¿Qué pasaría mañana? ¿Cómo vería a Alonso? Tenía tantas preguntas rondando su cabeza, porque en una parte de su corazón el miedo flotaba. Luis era un hombre sentimental y tenía miedo de amar. En sus veintiocho años había tenido cuatro pololas y dos polvos con extrañas. A sus pololas las amó, las cuidó, las admiró; pero cada una de ellas, se aburrió de él, de su falta de compromiso y eso lo dejó completamente abatido. Él no quería pasar por aquello nuevamente. Mientras que sus polvos, fueron por culpa del alcohol y por una noche de debilidad. Luis era débil ante las palabras adornadas de cariño y comprensión. Él odiaba ser débil ante las personas, pero nada podía hacer, él era así: miedoso e inseguro.
—¡Lucho, bienvenido! —Alonso habló desde la cocina y Luis pudo oler el rico aroma del filete en su punto. Cerró la puerta y vio la mesa ordenada con dos puestos: el servicio de acero brillante, los individuales azul marino, las copas de cristal —regalo de su madre— y los platos blancos con una circunferencia de oro en su interior.
—Hola, Al —caminó hasta la cocina y dejó en mueble la compra. Regresó sobre sus pasos y salió en dirección a su habitación. Quería sacarse la chaqueta, dejar su mochila de trabajo y sacarse un poco de ropa.
El saludo de Alonso lo asustó, hace mucho, mucho tiempo que nadie lo saludaba al llegar a su casa, era un extraño sentimiento; entre gusto y añoranza. Tener a alguien esperando por ti era agradable. Hacía ver que el día era productivo y tu recompensa era esa voz animándote al llegar de un duro día de trabajo.
Alonso se abalanzó sobre la bolsa y sacó todo. Miró cada cosa y sonrió de forma atenta y agradable. Fue una buena idea cocinar filete con ensalada para la cena. Desde pequeño que siempre le había gustado la cocina y aunque no fue su carrera elegida, siempre prefería cocinar antes de ir a un restaurante.
—¡¿Cómo fue el trabajo?! —Gritó Alonso de una habitación a otra.
—Bien… supongo —Luis se acercó al marco de la puerta de la cocina —. Mi jefe me odia, hoy a última hora me pidió editar un montón de datos para el lunes…
—Son cosas que pasan —palmó el hombro de Luis y le sonrió con complicidad —. ¿Por qué crees que soy independiente? —Apuntó a su corazón —soy mi propio jefe y me va relativamente bien.
—A  veces andas muy corto.
—Bueno, gajes del oficio…
—Sí, como no —Luis se adentró en la cocina y buscó el sacacorchos para abrir la botella de vino. Rozó el hombro de Alonso y su cuerpo dio un ligero respingó.
—Voy a servir —Alonso se alejó de Luis con rapidez.
—Sí —respondió con voz baja.
Ambos hombre se sentaron a la mesa. Luis sirvió el vino en las copas y Alonso colocó la carne en los platos. Una vez listo ambos comenzaron a comer. Solo el sonido del servicio se lograba escuchar, puesto que ninguno de los dos comento nada. No había mucho que decir. A ambos les gustaba comer en silencio y luego, en el postre conversar sobre sus días o ponerse al corriente respecto a sus vidas.
—Gracias por pasarme las llaves…
—De nada, supuse que algo así podía pasar —Luis dejó el tenedor y miró a su amigo —. Cada vez que tengo planes, algo pasa en mi trabajo y lo arruina. Creo que mi jefe me tiene maña.
—¿Qué dices? — Lo miró con profundidad —No lo creo…
—Créeme, siempre pasa —Luis movió su cabeza de lado a lado y sonrió al ver que los hoyuelos de la mejilla de Alonso se formaban con rapidez —. Pero debo decirte, que no esperaba esto —su mano enfocó la mesa —, comida casera…
Alonso miró un momento su comida, luego pinchó el pedazo de carne en el medio del plato y se lo llevó a la boca. Claro que debía hacer algo así, era su forma de agradecer por lo que iba a suceder, después de todo, no todos los amigos aceptan ofertas del tipo sexual.
—De nada —logró articular Alonso y agarró su copa y bebió un sorbo de vino.
El silencio se volvió a formar.
El reloj pronto marcó las nueve de la noche y con ello el terminó de la cena. Ambos hombres se levantaron y lavaron la losa. A ninguno de los dos, le gustaba el desorden o dejar las cosas a medias. Al cabo de unos minutos, dejaron la losa seca y guardada y se fueron hasta la habitación de Luis.
Alonso se sentó en la cama y agarró la colcha, miró a Luis que lo observaba con cuidado y habló: —¿Te bañas?
—Oh…, sí —Luis dio media vuelta y salió de la habitación hacia el baño. Abrió la puerta y la cerró con fuerza. Un baño refrescaría su cuerpo y, principalmente, su mente que revoloteaba en extraños pensamientos indescifrable.
El hombre se quitó la ropa, entró a la tina y abrió la llave para que el agua comenzara a derramarse. El clic afuera indicó que el calefón se había encendido y pronto el agua cayó tibia. Luis se remojó debajo del agua y dejó su mente en blanco. La ducha era el mejor sitio para pensar sobre la vida, uno podía reflexionar mejor, encontrar las respuestas más rápidas y mejores. Estaba nervioso, sí; pero al mismo tiempo estaba ansioso. Quería tocar un cuerpo desnudo de hace mucho tiempo, aunque ese cuerpo desnudo fuera un hombre y su amigo; pero aun así, la idea no le producía rechazo. Encontró normal el dar y recibir placer de otro hombre. Porque eso era, no había nada más. Él no amaría de forma romántica a Alonso mañana por tener un polvo con él. No despertaría descubriendo su amor por un viejo amigo. No era una novela, una serie o un cómic. El sexo no significaba amor. El sexo era placer. Y él solo ayudaba a su cuerpo y al de su amigo. Para él, Alonso seguiría siendo Alonso, mañana y en el futuro, su amigo y nada más.
Sin dejar que su mente lo confundiera más, cerró la llave de agua y salió de la tina. Luego, se secó con la toalla y se cubrió la cadera. Se dirigió a la habitación donde su amigo lo esperaba.
—Voy y vuelvo —Alonso tocó el hombro de su amigo y fue al baño.
Luis miró su cuarto y detuvo su mirada en la ventana, se perdió en el azul marino de la tela. El reloj ubicado en el velador al lado de su cama, sonó con más fuerza y está, se vio enorme, adornada con el cubrecama gris claro y las sábanas azules, mientras el reloj hacia tic-tac, tic-tac. Abatido se sentó en su cama para respirar y tranquilizar a su cuerpo, pero a la vez, para acallar a su mente, que comenzaba a despertar y a detener su impulso de cometer una locura…
—¿Estás bien, Lucho? —La voz de Alonso flotó en la habitación e hizo que Luis diera un leve saltito. El hombre se acercó hasta Luis y tomó lugar a un lado, le agarró la rodilla y la apretó: —si no quieres, no debes forzarte. Sabes que no va a molestarme.
Luis se sorprendió al ver tan rápido a Alonso frente a él. ¿Tanto tiempo pensó que no sé dio cuenta de nada a su alrededor? ¿Cómo era posible eso?
—N-no es eso —Luis guardó silencio un momento, intentando tranquilizar a los latidos de su corazón. El nerviosismo flotaba más y más por sus venas —estoy preocupado…
—Lo sé, cualquiera que no tuviera experiencia lo tendría —movió su mano hasta la mano izquierda de Luis y la apretó —. Lucho, todos estos años siempre has sido malo para las cosas extrañas —mordió sus labios un poco —, cómo decirlo… —dejó caer su cabeza al hombro de su amigo — le temes a lo desconocido, por ello te cuesta dejar tu trabajo, aunque lo odies.
—Yo no odio mi trabajo y si me costara lo desconocido, no viviría por mi cuenta ni menos tendría está casa…
—No es verdad. Tus padres te sacaron a patadas de la casa y la tienes, porque luego de salir de la carrera comenzaste a ganar relativamente bien, en el actual trabajo que tienes —levantó su cabeza del hombro de Luis —. Así que solo ha sido bajo estrés, o mejor dicho, por la situación entre la espada y la pared, porque si no es así, no vas a lo desconocido.
—Estás equivocado —corrió la mano de su amigo —. Pero no quiero discutir contigo.
—Lo mismo digo, por ello: ¿quieres o no quieres? No te obligaré.
El tic-tac del reloj sonó más fuerte en la habitación de colores masculinos y luz tenue. Luis miró el piso, luego la alfombra de bajada de cama, luego los pies de su amigo y sus piernas un poco lampiñas. Su mirada subió hasta la toalla blanca y ascendió más por el ombligo peludo hasta el pecho, para caer en el cuello y en la barbilla de Alonso. Su voz fue más rápida que su mente y respondió en un hilo las palabras para comenzar:— sí.
Alonso se levantó y se colocó enfrente de Luis. El hombre tragó un poco, se encorvó y buscó la boca de Luis. Está sería la primera vez que besaría a un hombre, la expectativa era alta. Abrió su boca y lentamente se aproximó a los labios de Luis. Los tocó con una suave caricia y pequeños rayos lo atravesaron. Intensificó la caricia, quería sentir más, mucho más.
Luis dejó que Alonso comenzará con las primeras caricias, no tenía el valor para corresponder. Su cuerpo estaba paralizado. Los labios de Alonso eran suaves, pero masculinos al tacto. Nunca había sentido una piel de aquella textura, de esa firmeza y ese aroma salvaje y a menta.
Alonso muy lentamente, sacó su lengua y recorrió los labios pequeños de Luis, para luego empujarla por medio de la comisura y profundizar así el beso. El solo movimiento, hizo que su cuerpo se excitara como un rayo que sobreviene a gran velocidad a la tierra. Quería sentir más de esos rayos recorrer su cuerpo. Empujó a Luis sobre la cama y se colocó encima, tocó con sus manos los hombros y besó más y más: la boca, la punta de la nariz, la barbilla depilada, pero con vello puntiagudo. Su mente gritaba: «¡más! ¡Más! ¡Más!».
La toalla sujeta a las caderas de Alonso cedió y dejó al descubierto su miembro semi-despierto. No le importó que Luis lo viera completamente desnudo. Alonso descendió por el cuello, para morder y lamer la clavícula de Luis. Estaba embriagado por el aroma que desprendía su acompañante y quería atraparla con su boca. Besar y morder no era suficiente, pero rogaba a su mente mantener la calma, ya que quería encender a Luis, pero al mismo tiempo calmarlo. Aún lo sentía nervioso.
Luis mantenía los ojos cerrados, sus brazos apretados a sus costados, tenso y de su boca salían bajos sonidos calientes.
—Shhh… —acalló los pequeños gemidos de la boca de Luis con un beso, profundo y lento. El sabor de sus bocas se mezclaba, se transformaba en droga, en adicción. Alonso perdió por completo la racionalidad. Solo quería sentir a Luis dentro de sí.
Luis sentía su cuerpo bullir, ¿desde cuándo no se había sentido así? ¿Desde cuándo no había tenido sexo? ¿Desde cuándo su cuerpo gritaba por el contacto de otro cuerpo? Las caricias y los besos lo transportaban lentamente al éxtasis, a la agonía y a la culminación. El miedo poco a poco se esfumaba de su cuerpo y su mente se transformaba a la caza. Su cuerpo también quería acariciar.
Alonso descendió por el pecho velludo de Luis, toqueteó con sus yemas las tetillas que tiritaban ante sus dedos. Quería lamer aquellas protuberancias, pero el vello rodeándolas era otra cosa. No creía verse dispuesto a tocar aquella zona así de fácil, como su mente le indicaba. Sin pensar más, su mano izquierda quitó la toalla que cubría las caderas de Luis y observó su cuerpo. Nunca lo había visto desnudo por completo, su figura sí que era atractiva. Luis era demasiado tonto para no darse cuenta de eso. Luego de dar una corta mirada al miembro de Luis, Alonso tiró la toalla al pequeño sillón de cuero que había en una de las esquinas, al lado del ventanal. Afirmó sus rodillas a los costados de su amigo y bajó nuevamente para besarlo y fregarse en el cuerpo debajo de él. Sentir sus pieles ebullir. Luego de besarlo, se separó y observó a su amigo.
Luis sintió que el cuerpo de Alonso no lo tocaba y levantó su rostro para verificar qué estaba haciendo o, en su defecto, en qué estaba pensando. Pero el hombre simplemente lo observaba con curiosidad. Sus miradas chocaron y ambos se sintieron tímidos unos momentos. Desviaron la mirada y un silencio incomodo se asentó en la cama. Vergüenza e incomodidad nació de sus cuerpos, aunque la excitación no bajo del todo.
—¿Estás bien? —Alonso curvo su cuerpo y llegó hasta la barbilla de su amigo, quién lo observaba avergonzado.
—Sí —, Luis miró los labios de Alonso y sin poder detener su cuerpo, se aproximó hasta el hombre. La vergüenza desapareció sin dejar rastro alguno —me siento bien —sopló un suave aliento sobre la boca de Alonso y capturó su boca. Lo besó por iniciativa propia y como si un cortocircuito se tratará, y el miedo se disipó. Agarró los hombros de Alonso y con fuerza lo empujó hacia abajo. Él ahora daría las caricias y la emoción comenzaría.
Besó casi con hambre a Alonso y con sus manos tocó sus hombros, codos y manos; luego afirmó la cintura del hombre y se empujó hacia abajo, frotó sus cuerpos con lentitud. Un suave cosquilleo recorrió su extremidades y se fregó varias veces más contra Alonso, quien también comenzaba a sentir la excitación subir por toda su figura, nuevamente.
Luis llevó su mano derecha al miembro de Alonso y lo palpó: de grosor promedio, pero largo por sobre la media; parecido al suyo. Sin pensar mucho, lo frotó entre su palma y dedos. Alonso emitió pequeños gemidos, que sirvieron como combustible para Luis, quién con su otra mano comenzó  a jalar con más fuerza el miembro duro y despierto. Por un momento pensó en colocarlo entre sus labios, pero lo desecho. ¿Chupar un pene de otro hombre? Eso nunca. Sujetó y movió sus manos por el falo más y más, los gemidos de Alonso se intensificaron por toda la habitación y cuando Luis miró a su amigo, éste llegó al clímax cerrando sus ojos con fuerza.
Sin decir nada y a la vez sorprendido por el rostro de Alonso, Luis se abalanzó sobre la boca del hombre y lo besó, mucho más intenso que antes. Su cuerpo estaba ya excitado, demasiado para poder mantener el control. Con su pene hinchado y goteando, abrió las piernas de Alonso y movió sus manos hasta separar de las nalgas. Su dedo del corazón rosó el ano y éste se contrajo, impidiendo ser penetrado a la primera.
Luis se detuvo y se levantó de la cama. Alonso sintió el vació sobre sí y abrió los ojos. Por un momento pensó que Luis había huido de la habitación, pero el hombre se encontraba buscando algo. Unos minutos después, Luis regresó con una botellita con un líquido transparente. «El lubricante», pensó Alonso y dejó caer su cabeza en la cama, ansioso.
Con lubricante en mano, Luis regresó a la cama y abrió el pote. Untó el líquido en sus dedos y abrió las piernas de Alonso. Luis, llevó su dedo del corazón hasta el orificio y lo introdujo con lentitud. Con pequeños círculos comenzó a meter más y más su dedo, hasta la base. Sacó su dedo y untó un segundo y los metió a ambos, para dilatar los músculos del ano.
Alonso emitió bajos sonidos entre molestia y algo más. Un escozor crecía en el círculo de músculo y enviaba escalofríos a su médula espinal que se dividía a todo su cuerpo. Poco a poco estaba excitándose. Su pene se endurecía con rapidez y la sangre bombeaba las paredes para engrosarlo e hincharlo.
Cuando Luis metió un tercer dedo, el cuerpo de su compañero tiritó ante el estímulo. Sacando y metiendo los dedos, expandiéndolos dentro de la carne, tocó una pequeña protuberancia y Alonso levantó su cuerpo con éxtasis. El líquido preseminal brotaba desde el glande a borbotones y sus dedos de sus pies se abrían y cerraban con fuerza. Los dedos fueron sacados rápidamente, haciendo un leve «plop».
—Alonso, ponte de rodillas —le dio unas palmaditas en las pantorrillas —. Será más fácil que entr-e —su voz salió entrecortada.
Alonso abrió los ojos, ya que la excitación estaba nublando todo pensamiento coherente que lograba hilar. Las palabras de Luis, lo sacaron del placer de sentir el suave toque en su próstata. Con pesadez, se sentó sobre sus rodillas y se colocó en cuatro. Levantó las caderas y sin esperar que su amigo le dijera algo más, abrió sus piernas, hasta que sus nalgas no lograron juntarse. Se sintió intimidado con esa posición.
Luis tragó con fuerza y se acomodó en el colchón. Agarró el pote de lubricante y vertió una considerable cantidad sobre su mano, la cual esparció sobre el falo que estaba erecto. Luego de impregnarse todo el lubricante, vertió desde la botella al ano de Alonso. El hombre dio un respingo. El líquido estaba frío.
—Al, voy a entrar suavemente —tomó sus caderas con su mano izquierda y con la derecha agarró su falo y lo llevó hasta la entrada —, si duele, avisa —. La punta del glande se introdujo en el ano y fue haciendo presión dentro del delgado y pequeño paraje. La carne del recto aprisionaba su falo con fuerza. Nunca había sentido esa sensación tan exquisita. El sexo anal era diferente al vaginal. Eso era obvio.
—¡Ah! ¡due-! —Se quejó y apretó sus dientes.
Luis se metió hasta las bolas y espero a que Alonso se tranquilizará masajeando sus nalgas y tocando entremedio de las pantorrillas. Al llegar hasta la base del pene de su amigo, lo jaló un par de veces para distraer su atención, excitarlo y hacerle olvidar el dolor. Dio resultado. Cuando sintió que Alonso estaba emitiendo pequeños jadeos, comenzó a moverse lentamente. Golpeó con poca fuerza la protuberancia y Alonso gritó.
—¿Estás bien? —Se detuvo.
—Sí, solo que fue muy intenso.
—Lo haré más despacio, pero no prometo nada —al acabar de decir las palabras, se comenzó nuevamente a moverse: primero lento y luego de unos segundos, su cordura ya no pudo más y aumentó la velocidad.
Alonso dejó caer su pecho en la cama y levantó más las caderas para sentir con más intensidad las estocadas. Sus manos viajaron hasta su boca y se las cubrió, no podía dejar que Luis escuchara sus fuertes gemidos. Nunca en su vida había hecho algo así, aunque algunas de las personas que mantuvo relaciones, lo hacían. Pero a él, le parecían exageradas e incluso sobreactuadas; pero era verdad, sentir cada penetración era una sensación más y más fuerte. Sentía que iba a perder el conocimiento en cualquier momento… La sensación era demasiado intensa, sofocante y embriagadora.
Los movimientos de pelvis de Luis, se volvieron erráticos  y poco  profundos. No podía pensar con claridad, se dejó llevar por su instinto y golpeó una y otra vez dentro de la cavidad. La sangre fluía lejos de su cerebro, su respiración se volvió agitada, su corazón bombeaba a mayor velocidad la sangre que recibía desde arriba y su cadera se movía a un ritmo frenético. La excitación flotaba por su cuerpo y un gran rayo lo atravesó por completo y se empujó con fuerza dentro de la carne del recto. Afirmó con fuerza el cuerpo de Alonso.
La habitación se sentía caliente y el aire se encontraba viciado, era sofocante. La respiración de ambos hombres era irregular, al igual que el compás que marcaban sus corazones. Ninguno de los dos nunca había experimentado algo así, era algo nuevo. Una experiencia que quedaría marcado en su cuerpo por mucho tiempo.
Luis sintió la presión de la cavidad de Alonso, presionar con fuerza su falo y una extensa punzada golpeó su nuca, la culminación brotó de su cuerpo y dio una última estocada, metiéndose profundamente dentro de Alonso.
Su corazón latía con ferocidad. Luis sacó su falo desde el interior de Alonso y se dejó caer a un costado. Desde hace mucho tiempo que no se sentía tan satisfecho. Había sido un muy buen polvo. Posó su mano derecha sobre su vista y respiró lo más profundo que pudo. No podía pensar en ninguna oración corta, no podía decir absolutamente nada. Las palabras se resbalaban de su mente. Cerró sus ojos y sintió el peso del hombro de Alonso, junto a su respiración.
—¿Estás bien? —pronunció con voz baja Luis.
—S-sí… —la voz entre cortada de Alonso se apagó unos segundos —. Sí, estoy bien.
Luis abrió sus ojos y se colocó de costado. El hombre miró el cuerpo desnudo de su amigo y con su mano derecha hizo un camino desde el hombro hasta su cintura. Contorneando la suave piel sudada:
—¿Estás seguro? —Habló preocupado.
—Sí, lo estoy —sus mejillas se sonrojaron ligeramente —. Fue bueno que te escogiera— sonrió —. No me arrepiento —su vista chocó contra la de Luis y se levantó un poco. Avanzó hasta quedar frente a frente a Luis y lo besó con un piquito[3] —gracias.
Luis se sorprendió por el beso y antes que su amigo se retirara, lo agarró de la nuca y lo besó con profundidad. Metió su lengua en la boca del otro hombre e hizo varias jugadas dentro de ella. No se arrepentía del sexo con el hombre, pero sintió que la  relación de amistad que tenían,  había cambiado un poco. Mañana quién sabe qué pasaría por su cabeza y mente o ¿cómo sería la vida de ambos después de aquello? ¿Un revolcón entre amigos era capaz de crear sentimientos de amor? Mañana quizás lo sabría o, en su defecto, podía pensar qué era lo que siempre había sentido por Alonso.
Sin decir nada más, Alonso abrazó a Luis y esté lo acurrucó en su pecho. Quedaron unos minutos así, hasta que el frío en la habitación se hizo presente y ambos se levantaron y se acostaron bajo las frazadas. Se cubrieron y se durmieron uno al lado del otro, unidos por sus brazos y su calor. Mañana el sol saldría y su amistad posiblemente crecería un poco, o se darían cuenta de algo más.
   



[1] Polola/o: pareja o casi novia/o. En Chile significa que ambas partes empiezan una relación amorosa, pero no es una relación de compromiso, como el noviazgo. 

[2] Colectivo: taxi, auto utilizado para el transporte de pasajeros (4 personas). Se le dice así en Chile a los taxis con tarifas fijas.
[3] Piquito: tipo de beso, donde se juntan levemente los labios de ambas partes. Es un beso algo tímido e inocente. También puede denotar cariño por la otra persona.



Notas del autor



Ha pasado un tiempo desde que escribí homoerótico. Ya no me parece tan emocionante como en un comienzo, ¿algo habrá pasado? Quizás, ya que me costó escribir todas esas palabras y no había pasado antes. Pero quedé ligeramente satisfecha con lo escrito, aunque me hubiese gustado escribir más y más; y profundizar más la relación de ambos. Aunque bueno, hasta aquí llega la historia.
Espero que les haya gustado lo que leyeron y quizás en el futuro saqué algo más de estos dos personajes.


Nos vemos en una próxima historia.
Adiós.




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