viernes, 14 de septiembre de 2012

Relato: Mi querida Anabella





Título: Mi querida Anabella.
Autor: Ann Suou.
Clasificación: todo público.
Género: romance- relación chicaxchica, lesbianismo.
Estado: terminado.
Descarga: Mi querida Anabella.
Pueden leerla en: Amor-yaoi -Fictopia - o más abajo.
Resumen: Conocí a Anabella cuando tenía dieciséis años. Fue un encuentro mágico, cómo sí Cupido me hubiese flechado con sólo verla. Mi mundo rodo a mí alrededor y mi corazón latió con descontrol. Entendí, que el amor a primera vista sí existe y que no era un simple mito, como mi hermana mayor me decía cada vez que ella rompía con su novio de turno.
Notas de la autora:



Bueno, Mi querida Anabella,  fue escrita hace mucho tiempo —no sé la verdad, pero probablemente fue el año pasado en el primer semestre—. Quería escribir una relación de dos chicas y mientras caminaba para tomar la locomoción, pensé en esta historia. Debo decir que era un poco diferente, pero al escribirla quedo así.

Desde hace un tiempo he pensado que debo escribir más historias de amor entre chicas, así que en un futuro, voy a escribir más. Ya estoy escribiendo una, pero es trágica; también estoy en una donde hay un trió amoroso. En el futuro quiero escribir de otros géneros.


Mi querida Anabella
Por Ann Suou.


Conocí a Anabella cuando tenía dieciséis años. Fue un encuentro mágico, cómo sí Cupido me hubiese flechado con sólo verla. Mi mundo rodo a mí alrededor y mi corazón latió con descontrol. Entendí, que el amor a primera vista sí existe y que no era un simple mito, como mi hermana mayor me decía cada vez que ella rompía con su novio de turno.
El primer mes no hablamos nada, el segundo tampoco y para cuando llegó el tercer mes, mis ánimos estaban por el suelo. La única manera de que habláramos era qué: ella se acercará a mi o yo a ella. Lo primero nunca sucedió y lo segundo tampoco, cada vez que intentaba acercarme a ella, alguien interrumpía. Sólo quería hablarle, sólo era eso.
Para cuando me di por vencida, nuestra profesora nos cambió a todos de asiento, para que nos conociéramos más. Mi suerte me sonrió y quedé a su lado en la fila de la ventana. Estaba contenta y me recriminé por mi poca fe en mí misma o mejor dicho en mi suerte.
Al verla de cerca podía ver lo hermosa que era. Su largo cabello negro caía como una cascada de cenizas y sus ojos castaños brillaban, su contextura era igual a la mía, delgada —no al extremo, sino normal— y nuestras alturas eran iguales; aunque estos datos son irrelevantes, jajá…
Al sentarnos juntas nos presentamos, un apretón de mano y un beso en la mejilla de la otra y me enamoré por tercera vez, porque la segunda vez, fue cuando me senté junto a ella.
—Mi nombre es Anabella Vera Cruz.
—Yo soy, Cristina Monsalve Joffre —recité mi nombre sosteniendo aún su suave y clara mano. Y mi corazón latía con fuerza, sin pensarlo quite mi mano. Anabella me miró extrañada y le contesté con voz suave y baja —No estoy acostumbrada a tener mucho contacto con las personas.
—¿Tienes fobia a qué te toquen?
—No, sólo que a veces actuó sin saberlo, lo siento—. Intentaba explicar, qué aunque fuera mentira, no podía tocarla, ella podría darse cuenta de los latidos de mi corazón y eso era algo incomodo. Nadie, pero nadie sabía que a mí sólo me gustaban las chicas y no estaba dispuesta a que alguien se enterará.
Desde que comenzamos a sentarnos juntas, una linda amistad se formo. Podíamos conversar de muchas cosas y yo podía saber más y más cosas de ella.
Eran tiempos felices, ya que no me importaba mucho sí había algo más, me conformaba con esa sensación de hormigueo, nerviosismo y excitación recorrer por mi cuerpo. Era feliz, muy, muy feliz. Mi amor por ella era más platónico que otra cosa, ya que me colocaba feliz con un simple toque de manos o unos golpecitos en el hombro o un abrazo fugaz.
Nuestra amistad creció y se volvió fuerte. Nos llamábamos, nos enviamos mails e incluso de vez en cuando nos encontrábamos para salir el fin de semana.
Pasó un año y Anabella comenzó a salir con un compañero de curso. Al principio me dolió, pero al final me di cuenta que el papel que yo representaba era sólo de amiga. Una muy buena amiga. Y sellé mi amor por ella. Poco a poco nos separamos, ella salía con alguien y yo me sentía fatal por ser un obstáculo para que ella y su novio se mimaran.
Nuestra amistad siguió durando todo lo que pudo. Pero cuando termino el colegio, cada una tomo un rumbo diferente y las llamadas fueron cada vez más escasas, para que finalmente desaparecieran por completo.
No sé porque hoy vagamente la recordé, quizás porque ya han pasado cerca de cuatro años sin saber de ella y qué aún hasta el día de hoy no me he vuelto a enamorar de nadie más, ni he tenido alguna relación duradera con alguna chica.
Miré nuevamente la pizarra y la voz de profesor nos despidió hasta la próxima semana. Me levanté y me despedí de mis compañeros como todos los días.
Salí de la universidad y me encaminé a tomar el autobús. Las luces de las farolas comenzaban a iluminar todo a mi paso y por mi mente aún rondaba Anabella. Quizás sí yo hubiese insistido en saber de ella mi amistad no se hubiese roto así como así… Mejor dicho nunca debí haberla recordado, me gustaría verla y saber que es feliz…sea con quién sea que esté.
Caminé por el costado de la vereda hasta el paso de cebra y cuando crucé a un costado mío la vi, tan hermosa como la recuerdo. Anabella. Era ella, no podía estar equivocada, era sin duda ella. Pero algo estaba diferente en ella, estaba mucho más hermosa y el brillo que poseía era diferente a cuando estaba saliendo con su novio. Fije mi mirada en su cuerpo y ahí lo vi, ella tocaba su barriga abultada y conversaba contenta con un hombre. Ella era feliz, muy feliz.
Seguí mi camino hasta la parada de autobuses pensando que quizás algún día yo encontraría a alguien a quién amar mucho más que a Anabella. Porque ella fue mi primer amor y aunque pasen años, yo siempre la recordaré como la mujer más bella del mundo.
«Quiero encontrar una linda chica para mí», recité mientras me subía a la micro.






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