miércoles, 18 de abril de 2012

Mini-novela: Olvidé haberte pérdido;capítulo VI

Hola, dos entradas en un día, eso es bastante genial, ahora les dejo el capítulo 6.






Representación del capítulo 6. Sí se han dado cuenta, ya no he dibujado para los capítulo, la razón: se toma un tiempo hacerlo y aún no me acostumbro mucho a dibujar (hace tiempo que dejé de dibujar y uno pierdé la práctica así que retomarlo se hace un poco más lento, jajá)




Capítulo VI




Ya no aguantaba más. Esto sí era definitivo, esté sería por fin el adiós, está vez cumpliría con lo dicho; lo saco del escondite, estaba tan frió; su metal brillaba, era tentador tenerlo en sus manos. Salió de su casa, sus padres aún no regresaban… Lo oculto en su chaqueta.
—Sí, esto es lo correcto…—su voz vacilo unos instantes.
Tomó un colectivo. Indicó que lo dejará en la plaza de hace unos días. La ciudad brillaba ante las luces de los faroles que le daban una imponente forma. Bajo unas cuadras antes; prefirió caminar, en ocasiones prefería caminar en ves de andar sentado. Se fijó en la hora, las veintidós con un minuto, no volvería a ver nada… ese era el final de su libro, por fin hoy, escribiría  la última página, su último respiro.

«Jala del gatillo...
Destroza mi alma…
El tiempo se termina…
Vamos… ¿Qué esperas?»

Dobló por uno de los brazos de la espaciosa calle, entró en la plaza y se sentó en la banca más próxima a la pileta; miró como el agua danzaba al caer con un dulce sonido a la fuente y las luces alumbraban el espectáculo.

«(¿Tienes miedo?,
¡Sólo hazlo!)
—No, no puedo…—
(Me estas obligando a hacerlo por ti…)»

Miro nuevamente su reloj, eran las veintidós con cuarenta y cinco minutos. El tiempo no quería avanzar con mayor velocidad, no quería permitirle esa salida tan mediocre.

«Destroza mi alma…
Arráncame la flama...
Vamos… ¿Qué esperas?»

Aún quedaban personas que rodeaban esos lugares, aún anhelaban esa oscuridad.

«Se corto el hilo de mi destino…
Me arranque mis alas con dolor…»

Su reloj marcaba las veintitrés horas, pronto acabaría. No soportaba aquel vacio que lo carcomía lentamente, haciendo que a cada momento se sintiera peor.

«Vamos…sólo apúrate.
No queda tiempo...
(Te encontraran…)
—Déjame en paz—
Ya no queda escapatoria…»

Había dado la medianoche y el campanazo de la catedral resonó en toda la plaza, aún no era el momento, esperaría.

«Deja que te extingas,
Este es el último respiro.
El tiempo se detendrá,
Acabara con tu fuego.
Arranca mis alas.»


Ya no había nadie, el sitio se lleno del silencio tan esperado…

«Deja que flote a la deriva,
En lo oscuro del mar,
En lo profundo del abismo…»

Lo sacó de su chaqueta, ahí estaba, frente a él. Cerraría al fin sus ojos, su alma dejaría de llorar, dejaría atrás todo… se liberaría.

«Jala del gatillo,
Destroza mi alma.
(No llores, seco tus lágrimas,
Las cojo en mis manos, las destruyo)
Vamos… no queda tiempo.»

Le sacó el seguro, un clip sonó. Sus manos se volvieron tibias, su sangre corría a la temperatura  adecuada.

«(¿Tienes miedo?)
Se corto el hilo de mi destino.
Me arranque mis alas con dolor.
(Te encontraran)»

Se paró, camino hacia la parte más hermosa del parque.

«Vamos no queda tiempo.
Destroza mi alma…
… de una vez…»

Las luces iluminaban de forma extraña el lugar, lleno de flores blancas junto a la pileta, el aire que se respiraba tranquilizaba…

«—El silencio rondo en mi mente
Recuerdos de niñez;
Rompiéndose eternamente»

Lo levantó, lo junto a su sien (estaba helado), cerró sus ojos, los abrió, y miro por última vez el mundo… Su mundo…

«Cae en el remolino.
Olvida todo…
Jala del gatillo.
Destroza mi alma»

Un sonido estruendoso se escuchó en medio del parque, abrió sus ojos y cayó al piso duramente, su sangre se mezclo con las flores… Su cuerpo se paralizó, su esencia se alejaba y su alma volvía a su origen.

«se corto el hilo de mi destino»

Y la oscuridad lo abrazo al fin… Había dejado de buscar lo que buscaba, había dejado su vida casi perfecta… lo había dejado todo.





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