Nota: Historia ChicoxChico / hombre con hombre; sí no estás de acuerdo con éste tipo de relación no lo leas. ¡Estás advetid@!



Mi deseo… eres tú
Autor: Suou



 


“En este mundo,
Un hada busca su otra mitad,
Bajo un cielo gris, lo encontró.
Y el mundo de él, la alejo.”


Capítulo III “Retorno. Una misión complicada.”







Despertó como si nada. Abrió simplemente los ojos y sabía que estaba en el mundo real. Su habitación en penumbras, la nula luz que provenía de su ventana a medio cerrar, su cuarto oscurecido por la hora y el silencioso murmullo de la nada, aquello lo puso ligeramente nervioso. Recordó cada sensación que había sentido al estar así de cerca, así de apegados, así de juntos con Wolfram.

¿Por qué Wolfram lo ponía en jaque?

¿Por qué no le decía al real que quizás lo amaba?

¿Cuánto había pasado desde que se conocieron y lo qué sentían?

Se levantó con cuidado, ya que aún se encontraba un poco perdido ante la hora que se presentaba. Era bastante tarde.

El sueño había sido maravilloso, en lo que se podía pensar en una situación lasciva e indecorosa. Aún más encima él era quién comenzaba con todo el “juego” y él era único que no quería que se acabara.

Salió del cuarto y se fue al baño, donde se lavo la cara, dejando que el agua recorriera su adormilado rostro, sintiéndose mucho mejor, después de todo él lo que más deseaba era seguir soñando con Wolfram.

La puerta de la entrada sonó. Alguien había llegado:

— ¿Yuu-chan?— llamó la voz de su madre.

Cómo no encontró nada mejor y por más que se hiciera el tonto, con resignación bajo al encuentro con su madre.

—Yuu-chan, ¿qué pasó?— le preguntó con una cara de felicidad y curiosidad.

—Nada.

—Dime…— se le acercó y lo observo muy de cerca y sonrío cómplicemente. — no seas malito con tu pobre madre.

—No me pasó nada…

—No te creo. Hmmm. — miró hacia al cielo y sonrío más abiertamente. — te pasó algo con Wolf-chan.

— ¡¿QU…?! Qué dices…no me ha pasado nada con él…

—Sí. Tú reacción me lo dice. ¿Cuándo nos vendrá a visitar?


                                                                         *****


—Gisela, ¿Cómo está Greta?

—La fiebre no quiere bajar. No sé con qué se contagio o si comió algo. Sólo resta ver como evoluciona.

— ¿Se pondrá bien?— preguntó un poco asustado.

—Eso hay que verlo. Si me disculpas. — camino por el lado y salió de la habitación.

Wolfram se quedo quieto mirando el piso. Algo iba a pasar, algo malo, pero de una u otra forma no sabía bien que era exactamente.

—Wolf…— la pequeña logro articular, llamando la atención de su padre.

— ¿Qué sucede Greta?

— ¿Puedes quedarte junto a mí?

—Claro…— se sentó al lado de su hija y le tomó la mano. Se acomodo y muy pronto también cayó dormido.

Se encontraba dentro de una habitación mugrienta, con suaves y delgadas cortinas que se movían ligeramente con el viento; los muebles eran muy pocos, unos estantes en la orilla, todos mohosos y viejos. Parecía que estaban en la tercera ala del castillo. Avanzo con paso inseguro hasta la puerta y salió del cuarto, sus pasos resonaron en el amplio lugar; giro levemente su rostro, posando su mirada en la ventana, estaba nublado cosa que anteriormente no era así y lo más raro de todo es que el ruido se había disipado.

Con un poco de temor avanzó lejos de la puerta. En el pasillo no se escuchaba nada, solo el rechinar de sus zapatos.
¿Dónde estaban todos?

Bajo las escaleras, recorrió los otros pasillos hasta llegar a la entrada principal, pero en todo su trayecto no encontró a nadie. ¿Acaso habían desaparecido?

— ¡Conrad!— gritó. — ¡Madre!—  la llamó, pero nadie, nunca le respondió.

Algo no estaba bien. Algo estaba pasando.

Salió hacia el pueblo, corrió ya que ningún caballo estaba en el establo y se introdujo al pueblo y a la vez no encontró a ningún aldeano. Debía de averiguar lo que estaba pasando.

Entró por la calle principal y no encontró a ningún alma. Su corazón comenzó a latir fuertemente, sus manos comenzaron a sudar y se estaba comenzando a la ponerse nervioso.

— ¿Dónde están todos?

Su trote era muy rápido, golpeaba las puertas de cada casa y no había nadie en ellas; gritaba como loco, pero nadie había en ellas, ni siquiera le respondían. Como última opción decidió llegar hasta el templo de Shinou. Una vez allí, entró sin que nadie lo detuviera y aunque busco a Ururike, está nunca a apareció. Ya casi derrotado se dirigió al lugar donde la sacerdotisa oraba, en aquel lugar tampoco encontró a nadie.

Cayó de rodillas y se llevó las manos al rostro:

— ¿Dónde están todos?

Una mano toco suavemente su hombro, haciendo que levantará el rostro:

—Yuuri…

— ¿No deberías estar con Greta?

— ¿Eh?

—Greta te necesita. Muy pronto caerá una gran desgracia a todo Shin Makoku… Tú eres su única salvación.

— ¿Qué dices?

—Sabes Wolfram, has crecido mucho… mucho… Ya eres todo un…— se arrodillo frente al joven y le susurró, moviendo sus labios, pronunció algo que no logró escuchar. Cerró sus ojos. Cuando sus labios tocaron la frente de Wolfram, desapareció.

 

Despertó muy entrada de la noche, se movió un poco dándose cuenta que era sostenido fuertemente por Greta quién se aferraba tranquilamente a él. Se separó poco a poco de ella y  se alejó  de la cama, debía de ir a buscar agua fría, para bajar la fiebre.

En el camino se encontró con algunos soldados que parecían bastantes desganados y extraños, pero no tenía ganas de llamarles la atención. Al llegar a la cocina se encontró con una de las doncellas que hervía agua y a la vez cortaba trozos de fruta.

—Buenas noches, excelencia.

—Buenas noches. — entró a buscar el agua. Sacó un nuevo Jarro y regreso a la habitación de su hija.

Tomó el paño que se encontraba sobre la frente de la niña y lo humedeció y lo volvió a poner en la cabeza de su hija.

Tenía un mal presentimiento sobre aquello. Algo andaba mal, pero no sabía que iba a pasar desde ese punto.

Una vez cambiado el paño, se acostó junto a la pequeña; no quería que pasara nada. Para él, Greta era muy importante.

Cuando nuevamente volvió a despertar, se sorprendió de verse él mismo abrazando a Greta, cosa que era bastante extraño en su persona, ya que dormía terriblemente desordenado y tiraba golpes a cualquier lugar.

—Greta, ¿te sientes mejor?— preguntó a su hija, quién lo miro como si no supiera quién era. — ¿Estás mejor?— repitió la pregunta, con algo de esperanza.

— ¿Quién eres?

— ¿Qué cosas dices? Soy yo, Wolfram…

—No sé quién es…

Le tocó la frente. Se notaba que la fiebre había aumentado, era mucho más alta que el día anterior.

—Greta, llamaré a Gisela. — se levanto y se alejo de la cama. Salió corriendo por los pasillos, debía de encontrarla. — ¡Gisela!— gritó, cuando no la encontró en el cuarto que siempre rondaba, luego qué le preguntara a un soldado donde la podía hallar, pero resulto en vano. No se encontraba por ningún lugar.

En su desesperación chocó con Conrad que lucia un poco diferente a lo normal:

— ¿Conrad, sabes dónde está Gisela?

— ¿Qué dices?

— ¿Dónde está Gisela?— le preguntó nervioso, ya que sabia que algo no andaba bien en su hermano.

— ¿Quién es Gisela?

— ¿Qué dices, Conrad? Tú…— se calmó un poco le tocó la frente a su hermano colocándose de puntillas. Tenía mucha fiebre. — Deberías ir a descansar un poco…

— Estoy bien…

—No, no lo estás. — le tomó del brazo y lo jalo hasta llegar al cuarto de su hermano, donde lo dejo en la cama y partió en busca de Gisela.

Cuando salió le pareció extraño el comportamiento de su hermano y mucho después también comenzó a sentir que todo el castillo actuaba de manera extraña y sospechosa.

                                                                               *****


El interrogatorio hecho por su madre había sido extenuante. Pero todo lo que había dicho e insinuado era verdad, aunque lo deseará a callar.

La cena transcurrió sin ningún percance y pronto se fue a la cama.

Miró el cielo de su habitación y le pareció tan grande y no pudo evitar recordar todos aquellos sueños que había presenciado. Con rojez en su rostro, cayó prontamente a los brazos de Morfeo.




Se movió a un costado entre las sábanas y palmó a su lado por sí se encontraba a alguien. Ya cuando no pudo soportar estar semi-dormido, abrió los ojos y se vio completamente sólo en la ancha cama de su cuarto, en el Castillo Pacto de sangre. Se levantó y miro por la ventana, un sol esplendoroso y brillante estaba ahí. Dejó el cuarto y salió. De seguro todos se encontrarían en el comedor. Pero al llagar algo en él dolió y entró apresuradamente. Al fondo, completamente sólo, estaba Wolfram con la cabeza gacha, emitiendo pequeños y casi inaudibles sonidos tristes. Se acercó con cautela. Nunca había visto de aquella forma a su prometido y no esperó más tiempo, pronunció su nombre:

— ¡Wolfram!—gritó su nombre, haciendo que el aludido le dirigiera la mirada.

Sin esperarlo corrió la silla, está se cayó ensordecedoramente al piso y corrió estrechándose en los brazos de Yuuri. Sin siquiera darse cuenta dejo que el llanto amargo y triste escapará de su ser.

—Yuuri… ¿Por qué?

— ¿qué pasa, Wolfram?

— Todos han muerto… Y…Yo… no puede hacer nada…
— ¿Qué dices?— le tomó de los hombros y lo observó. De aquellos verdes ojos las lágrimas se acumulaban y caían libremente— ¿Qué sucedió?

—Todos comenzaron a enfermar y yo no pude hacer nada… todos murieron… todos…

—Calma. — lo abrazó, sabiendo muy bien que aquello, lo que escuchaba podría ser un mal augurio. — ya pasó. Yo estoy junto a ti…

—No, Yuuri…

— ¿Qué?

— Aún el tiempo no avanza, pero si no te apuras todos morirán…— al pronunciar, desapareció.


                                                                          *****


Wolfram comenzó a darse cuenta que al segundo día los enfermos aumentaban. No sólo era Greta que empeoraba, también sus hermanos junto a más de la mitad de los soldados que protegían a Shin Makoku.

Intentó averiguar lo que estaba pasando, pero no entendía muy bien la situación. Al tercer día Gisela apareció con el posible nombre de la enfermedad : el Síndrome de la Bestia, como lo especificaba unos documentos antiguos, decía que era una extraña enfermedad que se contagiaba por medio del aire, por el desprendimiento de la espora de la flor de la Bestia y que podía llegar a cobrar la vida de millones sino se trataba a tiempo, ocasionando el deceso de la victima en solo siete días, de los cuales al quinto día desaparecía la fiebre, recobrando la memoria, pero ya al sexto día el cuerpo empezaba a deteriorarse a una velocidad sorprendente, transformándose en una semilla de la flor de la Bestia, cuando el séptimo día acabará.

Gisela miró a Wolfram. Sabía muy bien el peligro que conllevaba la búsqueda de está flor y lo terrible que era, ya que en los documentos especificaba que aquel que la encontrará podría volver a los enfermos a la realidad, pero su persona jamás volvería a ser parte de aquel mundo.
El joven, vio miedo en la muchacha, pero no podía dejar que el reino, sus seres queridos, su hija muriera…Haría lo que fuera por encontrar la flor, aunque su vida corriera peligro o muriese…
Movió en forma positiva la cabeza, antes que Gisela lo detuviera. No había mucho tiempo, todos corrían un gran peligro.
—Bien, Wolfram. — lo miró como se alistaba para partir del castillo y buscar la planta que se requería. — Debes tener en cuenta que es sumamente peligroso el lugar donde crece y que no debes fiarte de tu alrededor, ya que suelen aparecer animas e ilusiones que desvían tu camino y nublan tu espíritu, podrías volverte loco y morir.

—Si. Lo tendré en cuenta. Cuida a todos.

—-Si.

Con un fuerte galope se perdió entre el pueblo a buscar la planta que lograría salvar la vida de su hija y la de los demás.









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