Nota: Historia ChicoxChico / hombre con hombre; sí no estás de acuerdo con éste tipo de relación no lo leas. ¡Estás advetid@!



Mi deseo… eres tú
Autor: Suou



 


“En este mundo,
Un hada busca su otra mitad,
Bajo un cielo gris, lo encontró.
Y el mundo de él, la alejo.”


Capítulo VI “ Su vida”








“En este mundo,
Un hada vaga por el mundo
En busca de su mitad.
Un día lo encontró,
Detrás de un arbusto lo observó,
Detrás de un arbusto lo amo…
Bajo un cielo gris, lo prometió
<< Sería suyo >>
Y el mundo de su  << suyo >>, la alejo.”


Lareth era una edad joven para las hadas, de rojos cabellos y marrones ojos. Era muy risueña e inocente. Y su sueño era viajar por todo el mundo, para encontrar a su “dueño” como solía decirse a sí misma cada día; lo único que así era soñar con un príncipe que la cuidará y mimara por toda una eternidad.
Siempre corría por las tardes, en una ladera alta y de larga hierba. Su casa se encontraba en una pequeña cueva en la parte inferior de una pequeña colina, cerca de la ladera. Su vida consistía en jugar todos los días, jugueteaba moviendo sus alitas violetas de aquí para allá, reía todo lo que más podía, pero siempre, siempre deseaba correr con alguien más a su lado; eso era su sueño. Tener alguien a su lado por siempre…siempre.
Aquel día, en que su vida cambio drásticamente… el sol brotaba desde la lejanía y ella lo observo desde su ventana y decido bajar a servirle un plato de alimento a su abuela, que  se encontraba postrada en cama y no podía hacer ninguna tarea. Su abuela Elliz  se divertía llamándole la atención y diciéndole lo desastrosa que era, “igual que su madre”, cómo solía gritarle. Su madre había muerto presa de un mazoku, por ello su abuela le prohibía juntarse con mazokus o cualquier raza existente en ese mundo, le decía “Ellos sólo les gusta las hadas, para devóraselas y chupar su magia, no quiero que te pase lo mismo qué a tu madre. Así que no vayas a ese mundo”. Lareth, sabia que eso no era cierto, quizás un poquitito, pero ella lo demostraría cuando logrará escapar de esa casa, cuando el hechizo que la ataba a su abuela, sería libre.
Le llevo un plato de brócoli con carne de serpiente con jugo de arándano a la cama. Golpe despacio la puerta y entro; se acero  ala cama y con su delgada mano toco el rostro del hada, para su  sorpresa la anciana yacía quieta e inerte. Su corazón latió fuerte, demasiado fuerte para su gusto y una débil pero agradable sonrisa apareció en sus labios… ¿Era libre? Un suave y delgado hilo apareció de la nada y fue pintándose, mostrando la unión que ella mantenía con el hada; cuando se coloro por completo se rompió como si fueran millones de pedazos de vidrio y cayo al piso dejando una fuerte y macabra imagen.
—Soy libre…LIBRE… Por fin…— empezó a saltar sin darse cuenta que su abuela la observaba con ojos saltones y feos.
—¿Quién dijo qué eras libre?— le habló desde su cama. Lareth se dio la vuelta y cerro la boca, su abuela continuaba con vida, eso era imposible, ella sintió que estaba muerta.
—¿Sorprendida? De seguro qué sí. Si estoy muerta, pero tú no estás libre…Ya te ate a mí, por siempre…Sólo te queda vagar un tiempo más por el mundo, ese mundo que crees que es tan perfecto, pero sabrás que no. Al final del camino deberás decidir quién es más importante en tú mundo, querida...JAJAJA…— mientras hablaba de su cuerpo empezó a salir un humo verdoso y putrefacto, hasta que al cabo de unos minutos se derritió en la cama.
Su corazón latió una y otra vez y su respiración se acelero al ver que en sus muñecas aparecían unas pequeñas marcas, como una delgada cadena de oro. Esa hada nunca le deseo nada bueno, pero no pagaría por esa rabia. Había leído en unos de los libros que existía una flor que rompía los hechizos malos. Sólo debía encontrarla y listo, sería libre…



Cuando la noche llegó encendió fuego a la choza y espero a que se quemara por completo, mientras recitaba un conjuro para que ningún espíritu dentro o alrededor de ese lugar la encontrara. Las estrellas empezaron a brillar desde un limpio cielo y pensó que ahora que era libre, haría todo lo que siempre quiso, nada la detenía. Mientras decencia de la colina, pensaba a que lugar dirigirse y lo primero que pasó por su mete era Shin Makoku, ese lugar, dónde decían que el Maou era un gran gobernante y muy bueno. Podría ir a pedirle ayuda, contarle su historia y ver si él sabía donde podía encontrar la flor, de seguro lo sabía. Todo el mundo hablaba del Maou.
El camino a Shin Makoku no resulto ser tan cansador o peligroso como creyó, pero si que le había sorprendido la gran cantidad de personas que se acercaba a la ciudad, ¿Qué era lo qué el Maou, tenía? Se apresuró cuando entro por la puerta del reino, era bastante extraño, un montón de casa se apilaban una tras otra y había muchos puestos donde vendían cosas, y mucha gente de diferentes razas, le dio un poco de miedo ver a un humano, puesto que había leído montones de historias, mucho más sanguinarias que la de los Mazokus. Decían que los humanos, les encantan las hadas y les gusta engañarlas para embarazarlas y luego devorar a sus bebés y robarle su alma, para transformarlas en oro. Pasó cubriéndose su rostro, para que no fuera sorprendida y camino más rápido. Cuando avanzo hasta la mitad de la ciudad, pudo ver el imponente castillo Pacto de Sangre en la cima de la colina, le pareció una linda imagen.
Camino un poco más cuando choco con un hombre corpulento y de larga barba, quién dejo caer todo de sus manos:
—¡¿Quién te crees qué eres para empujarme?!
—Lo siento mucho, mucho. — respondió desde el piso.
—¡No quiero tus disculpas! ¡PAGAMÉ!
—No tengo dinero…
—¿Qué?— la tomo fuertemente del brazo y la levanto. La miró con curiosidad y sonrió. — ¿Eres un hada?
—No…
—Lo eres, tú color te delata… ¿Qué podré hacer contigo?…Tengo algo mucho más valioso que eso tirado en el piso…JAJAJAJAJÁ…
—¡No, suélteme! ¡Suélteme, por favor!
—No, quién encuentra un hada, se la queda…
—¡No, suélteme! ¡Suélteme, por favor!— gritaba, mientras las personas que observan no hacían nada para ayudarla. Era verdad sobre ese mundo, nadie ayudaba a nadie, moriría sin haber conocido a su dueño. 
—¡SUÉLTALA!— una voz cómo de un ángel gritó. 
Ladeo su rostro y fue como si el mundo a su alrededor se hubiese detenido. Su corazón latió despacio y luego muy rápido, su garganta se seco, su pulso aumento, su rostro se sintió caliente y sintió un apretón en su estomago. Sus ojos quedaron quietos mirando a aquel poseedor de esa voz…Y deseo que ese ser se convertiría en su dueño.
—¿Quién te crees  para decirme qué hacer? — el hombre tomo con más fuerza el brazo de la muchacha.
—Te digo que la sueltes, tú eres el único culpable de dejar caer esa estatua de cristal.
—¿Me estás diciendo que yo tengo la culpa?— se dirigió hasta el joven de rubia cabellera, soltando a Lareth. Cayó al piso y rápidamente se puso de pie y huyo, su corazón latía demasiado fuerte para quedarse y sabía qué ese hombre podía llevársela a algún lugar y quién sabe que cosa le haría.
Corrió y vio para su tranquilidad que nadie la seguía, se sintió calmada mientras se dirigía al castillo Pacto de Sangre. Por un momento se detuvo y quedo pensativa, recordó el rostro del “ángel” cómo había apodado a su rescatista, aunque no le pudo dar las gracias o preguntar por su nombre, pero de seguro lo volvería a ver. Sabía que estaba destinada a verlo nuevamente, eso era seguro y en ese instante no desaprovecharía la oportunidad.
Camino y camino por un largo rato, hasta que empezó a vislumbrar la puerta del castillo; de las aves había escuchado un montón de historias del Maou y está muy contenta de averiguar si era tan grandioso como se lo decían. Aunque lo más sorprendente que había escuchado es que el Maou estaba comprometido con uno de los hijos de la Maou anterior, ¿qué tan maravillosa persona sería, para que el Maou se comprometiera?; se preguntó aquella vez que lo escucho y la curiosidad le dijo qué si algún día conocía al Maou, también conocería a la persona con quién se comprometió.
Sintió un ruido fuerte, que nunca antes había escuchado que provenía desde abajo. Corrió muy rápido y se escondió en unos arbustos dentro del castillo. Sintió miedo, por el fuerte ruido, pero se sorprendió al ver que su “ángel” aparecía y venia detrás del un joven de cabellos negros.
—¡Détente Wolfram!—grito el joven.
—Cállate. Eres un Henachoko y siempre lo serás. Nunca te has puesto en mi lugar y crees que todo el mundo es bueno. ¿Cómo puedes ser tan ingenuo? No te fijaste que ese hombre estaba importando objetos prohibidos.
—No es eso, pero cómo fuiste capaz de quemarlo de esa manera, es un ser humano. No tiene la misma fortaleza que un Mazoku.
—Nadie lo manda a vender ilícitamente. Además Yuuri, fuiste tú él que se interpuso entre él y yo. No te das cuenta que me las podía arreglar solo.
—¿Y si te pasaba algo?
—Ahora estás preocupado por mi, ni siquiera admites que estás comprometido conmigo. Ni siquiera me presentas cómo tal.
—¿Qué dices?
—HENASHOKO— gritó y se bajo de su caballo, y con pasó firme se dirigió al pasillo del castillo.
—¡Wolfram! — se bajo de su caballo y corrió donde el joven rubio se encontraba.
Lareth observó toda la discusión y observo la escena; su ser sintió una pequeña molestia cuando el muchacho de negros cabellos le tocaba a su ángel el hombro. Y eso no era amistad, no lo era. Sus oídos lo había escuchado muy bien, ellos estaban comprometidos y aunque parecía que uno de ellos lo estaba negando, era imposible no darse cuenta que eso no era otra cosa que amor. El amor que ella nunca conoció, pero que conocería. Y olvido por completo su visita al Maou, había visto a su “dueño”, pero este parecía estar atado a otra persona… Y se dio cuenta muy a su pesar qué esos dos estaban unidos por un vinculo mucho más fuerte que su destino con su “ángel”, pero sabía que había una manera que ese destino se disolviera. Se dio la media vuelta y partió.
“En este mundo,
Un hada encuentra a su dueño
Un día lo encontró,
Detrás de un arbusto lo observó,
Detrás de un arbusto lo amo…
Bajo un cielo gris, lo prometió
<< Sería suyo >>
Y de sus celos planeó que ese dueño sería suyo”









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