Nota: Historia ChicoxChico / hombre con hombre; sí no estás de acuerdo con éste tipo de relación no lo leas. ¡Estás advetid@!



Mi deseo… eres tú
Autor: Suou



 


“En este mundo,
Un hada busca su otra mitad,
Bajo un cielo gris, lo encontró.
Y el mundo de él, la alejo.”


Capítulo VIII “La máscara de la ilusión”










El suave viento del sur le golpeaba con rudeza en su blanco rostro, sus largos cabellos cobrizos se mecían en todas direcciones. La capa que la cubría color marrón no se quedaba quieta. Una fuerte opresión apareció en su pecho a medida que iba escalando la montaña; el miedo y la desesperación la inundaban. A cada paso que daba una ráfaga más helada y fuerte la golpeaban.
Desde lo lejano unas criaturas la observaban detenidamente, analizando sus pasos. Caminaron detrás de ella, unos centímetros de distancia; paso a paso reían cómo hienas acechando a su víctima.
Sentía la presencia de alguien que la observaba, a medida que sus pies se movían más paranoica se colocaba. Pero lo único que podía ahora hacer era llegar y encontrar la flor, para cumplir su deseo: Conocer a aquel chico de rubia cabellera.
Una fuerte y soporífica brisa la intento empujar hacia el vacío; perdió el equilibrio levemente, antes de resbalar unos metros hacia abajo. Se golpeo con rocas, ramas y flores silvestres en su camino de regreso. Cada choque con una piedra o con tierra era más y más doloroso, pero saco fuerzas de la nada y con sus débiles brazos se afirmo a lo que pudo para evitar descender más. Su voluntad, era llegar y encontrar a esa flor. Lo que más importaba ahora era su deseo, quería ser feliz. Quería llenar su vacío corazón de felicidad verdadera, no una falsa cómo lo había sido desde que nació; vivir en un lugar alejado del mundo verdadero, era una felicidad errada.
De la nada un montón de extrañas criaturas aparecieron de la nada y empezaron a morderla, mientras intentaba en vano detener su caída. Rasguñaban sus brazos, hincaban sus molares entornos a sus brazos y tiraban de su cabello. Su fuerza se alejaba más y más; la sangre empezaba a escurrir débilmente por su piel. Nunca creyó que esté sería su final. Nunca fue nada importante, pero acabar así era triste, muerta por unas criaturas que nunca en su vida había visto y más encima por un mero capricho de niña libre, sin ataduras. Qué importaba ahora, nada. Sabia que iba a caer y no le importo, se soltó y se dejo caer en una picada libre hacia el valle. Sintió el viento y no entendió porque no podía volar, ella era un hada, ¿acaso las hadas no vuelan? Cerró sus ojos y se dejo a la suerte.

Lentamente abrió sus ojos, no había nada de luz, pero al moverse sintió un dolor espantoso por todo su ser. Se llevo los dedos a los labios y los lamió, sabia a sangre. Su sangre. Se empezó a arrastrar por el piso, apenas sus extremidades le respondían, apenas mantenía los ojos abiertos. Sus heridas ardían a cada roce con el suelo.
—¿Qué haces? — una dulce y fugaz voz le habló.
Se detuvo. Un largo y prolongado escalofrío la recorrió por completo, desde su cráneo hasta la punta de sus dedos de los pies. El terror empezó a emanar desde su interior y  el miedo la inundo.
—Ya es un poco tarde, para huir. Ya estás aquí, no sirve de nada querer volver hacia allá. Además la flor que buscas se encuentra a unos metros al fondo de está oscuridad; la quieres, no es verdad… ¿No es verdad? Lo más probable es que la quieras para algún capricho. — unos alargados dedos, como huesos se aproximaron a la cabeza del hada — Mmm, debe ser eso. Para eso estás aquí. Nunca nadie viene por ella por una razón diferente, siempre es por un capricho que no podemos obtener. Pero sabes, ya que estás aquí, yo mismo te llevaré a donde se encuentra tú capricho. Lo mirarás, lo observarás y luego verás lo que le pasa a gente cómo tú.
Una fragancia dulce y conocida llego hasta su fosa nasal. La olio un buen rato hasta caer dormida. Unos ojos saltones se aproximaron al rostro de la mujer. —Qué hermosa eres, y por un capricho, tú vida será tomada.

Despertó en el césped, hacía calor y los insectos se escuchaban a la distancia. Unas manos la sostuvieron por la espalda y le habló en susurros:
—Aquí estamos. Aquí está tu capricho. — y lentamente le indico con su dedo hacia la colina.
Su corazón palpito por la emoción, su garganta se seco y sintió un cosquilleo nervioso en su estómago; de su cuerpo salía un extraño sudor frió que la coloco nerviosa, cómo si no fuera ella…Cómo si quisiera estar con él todo el tiempo, no sólo mirarlo desde la distancia… Desde aquella distancia.
Cómo amaba a ese joven de rubio cabello, de profundos ojos verdes, iguales a los que recordaba. Si esos ojos eran por lo cual vivía día a día. Esos ojos la llamaban. Lo amaba desde aquel día. Lo amaba.
—¡Wolfram!— alguien grito el nombre del chico; un muchacho de cabello negro se acerco a él y lo rodeo con una sonrisa. Eso la enfureció, eso no le gustaba para nada.
—¿Qué haces Yuuri?
—Nada, sólo me apoyo en ti, estoy cansado. — Wolfram giro su cabeza y permitió que fuera rodeado con los brazos de Yuuri de forma más intima, debía de aprovechar mientras que su prometido estaba de buenos ánimos.
Miró desde lejos cómo ambos jóvenes se perdían, tan contentos, tan unidos….
 —Vez, ese chico ya tiene a alguien  y esa no eres tú. Debiste darte cuenta de las circunstancias en las que te hayas. Nunca podrás combatir contra el Maou. El Maou es un ser impresionante y esos dos ya están comprometidos hace mucho. Nunca podrás tener al chico de verdes ojos a tu lado. Está fuera de tu alcance.
 —Lo sé, pero puedo intentarlo. Puedo intentar acércame a él. Hablarle, decirle muchas cosas, muchas…
 —Ya es tarde. Debiste averiguar más sobre la flor que buscas. Tú ya no eres de este mundo, perteneces al mío. — La cegó con sus manos y la beso detrás del cuello — Por fin podré descansar,  Tú ya eres parte de la “Ilusión”… — su cuerpo se paralizo y unos fuertes y fugaces remolinos la absorbieron hasta quedar completamente inconsciente.

*********

Sentía murmullos desde algún lugar, su cuerpo estaba pesado y dolía cómo nunca y su cráneo punzaba interminablemente. Intento moverse, pero era en vano. Quería abrir sus ojos, pero también le resulto imposible.
—Aún no puedo creer que haya salido con vida. Si hubiese llegado antes, no estaría en aquella condición.
—No se preocupe Majestad, ya despertará.
—¿Y sino despierta? Lleva ya dos semanas durmiendo y nada ha pasado. Estoy preocupado.
—Yuuri, sé qué Wolfram despertará — hablo una voz de niña.
—Eso espero — el maou le respondió a su hija.
—Entonces me retiró su Majestad.
—Voy contigo Gisela…— ambas se perdieron tras la puerta de la habitación del Maou.
Unos pasos firmes y temerosos se acercaron. Dejo su peso que llegara a la cama y llevo su mano a la frente del muchacho que dormía placidamente. Luego cómo impulso inconsciente le beso la frente; un largo rato sus labios tocaron la piel de Wolfram. Después repartió pequeños besos por todo el rostro del joven, para luego tocar suavemente los labios.
 Wolfram…
—¿Qué estás haciendo?— sus ojos estaban abiertos de par en par. Yuuri se alejo lo más rápido posible a unos centímetros fuera de la cama.
—Lo siento Wolfram…Realmente lo siento….No… era…m…mi intención.
—¿Qué cosas dices Yuuri…?
—Ehh… Nada, jajaja…nada — se acerco nuevamente a la cama y se sentó — ¿Cómo te encuentras? — le paso la mano sobre los cabellos dorados.
—Bien, aunque me duele un poco el cuerpo.
—Eso está bien. Te encontré muy mal, pero logre llegar a tiempo…
—¿Cómo está Greta y los demás? — se incorporo de inmediato en la cama, pero antes de salir  de las sábanas Yuuri lo de tuvo.
—Están bien. Hiciste un buen trabajo al encontrar la flor. Gisela ya hizo la medicina y todos están bien; mucho mejor que tu — Impulsivamente lo abrazo.
—¡¿Qué estás haciendo?! — intento quitarse los brazos de encima, pero no lo logro.
—Te extrañe mucho Wolfram. No sabes cuánto — beso su frente y poco a poco lo recostó en la cama. —Creí que habías muerto, creí que todos estaban muertos…
—¿Cuándo llegaste? — le corto abruptamente.
—Llegue ayer… Me sorprendió ver que todos se encontraban enfermos. Me preocupe y de inmediato te fui a buscar.
—¿Cómo me rescataste… Yo estaba…— se llevo una mano a la cabeza, no recordaba muy bien lo que le había sucedido ni lo que paso en la cueva, luego de haber entrado.
—¿Qué sucede, Wolfram? ¿Te duele algo?
—No es nada…
—Iré a buscar a Gisela — Salio corriendo de la habitación.
Un largo y pulsante dolor perforaba su cabeza, la habitación conocida le daba vueltas y vueltas en espiral. Sabía que algo andaba mal. No recordaba absolutamente nada de nada de lo que había pasado en la cueva… Esa quizás era otra ilusión, había tenido muchas ilusiones en la montaña, debía de ser otra, debía descubrir la manera de salir, de liberarse, pero… ¿Cómo?
No tardo mucho en llegar Yuuri junto a Gisela. Lo observaron que estaba mirando por los largos ventanales hacia el exterior. Mantenía una mirada perdida y vaga. Se acerco con lentitud y lo afirmo de los hombros.
—Wolfram… ¿Ya pasó?— Los verdes ojos del muchacho lo miraron directamente, traspasaron los negros ojos y le sonrío con tristeza.
—Yuuri…— pronuncio su nombre como si fuera a desaparecer en ese mismo instante — Te acuerdas porque regresaste a La Tierra… ¿Lo recuerdas?
—De qué hablas, Wolf. No te preocupes ya traje a Gisela — se coloco a espalda de Wolfram y lo tomo de las muñecas, ambos avanzaron a la cama, era como si fueran a bailar una pieza de música.
Toco la cama y comprendió todo, esa era una señal, está ilusión era completamente diferente a las anteriores, no había cambiado nada en su vida; Yuuri era Yuuri, todo un Henachoko. Debía significar que está era la ilusión de la flor…Tenía que encontrarla lo más rápido, ¿Cuántos días habrían pasado desde que dejo a Shin Makoku?
—Wolfram, ten cuidado al subirte  a la  cama…
—Gracias Yuuri — obedientemente hizo lo que Yuuri le decía, tenía que planificar la manera de descubrir quién o qué era la flor.  Se acostó en la cama y espero a que Gisela lo examinara.
La mujer lo miro sorprendida y confusa. Se aproximo y le toco la frente, la retiró de inmediato.
—Tiene un poco de fiebre, pero si reposa pronto cederá — se alejo un poco y dio una reverencia antes de salir del cuarto.
La puerta se cerró.
—Wolfram, debes de reposar — le sostuvo de los brazos, ya que el rubio forcejeaba en levantarse.
—No interrumpas. Necesito encontrar una flor…
—¡Qué dices! …¿Encontrar una flor en ese estado? — intentaba sostener con mayor fuerza los brazos de Wolfram, pero esté tenía mucha fuerza.
— ¡Sí! ¡Ya suéltame! — lo empujo con todo lo que pudo, pero cómo arma definitiva se acerco muy cerca de Yuuri y se tiro capturándolo con sus labios. Yuuri abrió sus boca en espera de recibir más, lo soltó y recorrió con sus brazos el cuerpo de Wolfram desesperadamente; chupaba su lengua, besaba sus labios, lo tocaba por sobre la ropa; una y otra vez, repetía la misma acción.
“Esté no es Yuuri… Este no es Yuuri… Yuuri se alejaría espantado…Yuuri no me besaría tan desesperadamente… Esté no es Yuuri….Yuuri habría huido, cómo lo hizo antes que Greta enfermará… Yuuri es un cobarde, qué teme no sé qué… Yuuri me abandono aquel día…. Yuuri….” — pensó en su cabeza, mientras recibía aquel apasionado beso por parte de esa ilusión. 
Lo había entendido, cuando Gisela buscaba información sobre la flor, está le daba una prueba a la persona: una ilusión de lo qué más deseaba, lo qué más anhelaba, pero  sí uno no lo hacía ella tomaría su vida y haría con ella lo que se le antojará, es por ello que debían de encontrarla, saber dónde estaba… Y sólo entonces la flor te dejaría tomarla… Sólo eso era lo que debía de hacer… ¡Encontrarla!
Mientras Yuuri disfrutaba del beso, él poco a poco se iba colocando sobre el chico. Comenzó a descender por su cuello depositando suaves y pequeños besos: uno, dos, más abajo. Sus manos empezaron a quitarle la ropa y Yuuri lo libero del agarre. Wolfram bajaba mirándolo seductoramente, pero antes que Yuuri pudiera decir algo, había corrido a la salida.
Corrió por el pasillo a todo pulmón, mientras escuchaba a Yuuri ir tras él. Doblo por la esquina a la derecha, luego subió las escaleras, nuevamente doblo a la izquierda, después a la izquierda y luego bajo por la escalera, debía de perder a su prometido, sino se opondría, quizás esa era la estrategia de la flor de la Ilusión. Pero el Wolfram Von Bielefeld, era mucho más inteligente que esa ilusión, sabía lo que tenía que hacer.
Salió al patio y se perdió entre la maleza del reino. Oculto de tras de un árbol, comenzó a idear su plan para encontrar la flor. Ya cuándo lo había pensado salio de su escondite y se dirigió al templo de Shinou. Paso por la ciudad, la gente caminaba alegre y satisfecha, realizaba sus tareas cómo sin nada en el reino hubiese pasado. Nadie volteo a verlo y eso lo agradeció, aunque se sentía observado. Con paso apresurado llego hasta la entrada del templo. Lo observo y dio un paso hacia adelante. Recorrió el pasillo y llego dónde se encontraba la fuente, dónde Yuuri venía y se iba a la Tierra; se sintió triste, por haber besado a Yuuri; eso era la causa de que se haya marchado de Shin Makoku, sino hubiese sido así, estarían juntos buscando la flor, sería más fácil, más entretenido y sabría que todo se solucionaría pronto…
—Así que aquí te escondías — una conocida voz se dejo escuchar, haciéndolo voltear.
—Yuuri…
—Quién más crees que sería. Estoy preocupado por ti y tú lo único qué haces es escaparte. Estás enfermo, quiero cuidarte, pero escapas, ¿qué clase de chico eres?
—¿Qué dices? Yuuri esto es urgente, es algo que debo hacer, es algo que tú y yo debemos de hacer. Todo depende de esto y tú no lo estás haciendo fácil… Estás malinterpretando todo a tu conveniencia…Ahg, ahora no tengo ni idea de lo que estoy diciendo…
—Vamos al castillo — le ofreció su mano y se fue aproximando poco a poco a donde el rubio se encontraba, esperando a que Yuuri llegará. Ese no era Yuuri, así que podía golpearlo por ser un Henachoko, un idiota, un cabeza hueca, un cobarde, un estupido y tonto, por haber huido del. Qué le costaba haberle simplemente rechazado, nada. Ahora estaba furioso y no entendía el porqué… Si lo entendía, era Yuuri, él y su tonta inocencia.
—No lo haré, quiero ver a Shinou — debía de mentir para ganar tiempo.
—Shinou  no se encuentra, el está con Murata.
—Necesito verlo, es urgente. No es algo que te incumba, ¡Lárgate!
—Wolfram, te digo que vengas conmigo.
—No.
—¡WOLFRAM! — le grito mirándolo fijamente.
Su cuerpo se sintió pesado y oprimido. Ese era el poder de la ilusión. Pero debía de poner resistencia, él era un Mazoku muy fuerte y no iba a caer. Su cuerpo se comprimía en dolorosos cortes y presión.
—¿Te sientes bien? — le pregunto acercándose y extendiendo sus manos — ¿Ves? Te dije que estabas enfermo, debe ser doloroso, vamos a la cama….Debes recuperarte, en unas semanas habrá  una gran sorpresa…
—Ale…— su rostro se deformaba en muecas de dolor; no soporto más y cayó al piso —Yuuri, no te…a…cerques…
—Wolf — susurro en su oído luego de llegar y tomarlo de los brazos y cargarlo sobre sí mismo — Deberías de descansar…
Perdió el conocimiento. Últimamente siempre era así, era capturado y perdía la conciencia para encontrase luego atrapado o en otra ilusión o lo que fuera, pero de una cosa estaba segura, La ilusión no sabía muy bien como era el verdadero Yuuri.
Aunque su cuerpo no le respondía, entendía  a la perfección lo que la gente a su lado hablaba. Todos ellos no existían; ¿La ilusión sólo había visto a las personas que lo rodeaban en su mente, no había analizado sus personalidades? No era muy inteligente…
Sintió su cuerpo caer en las sábanas y supo que habían vuelto al castillo, a la habitación de Yuuri. Estar ahí quieto pensando en cómo descubrir el secreto de La ilusión era un tanto molesto; pero su primer intento no resulto, así que idearía una nueva forma de encontrarla.
—¿Gisela hay alguna forma de mantener a Wolf en reposo sin que se mueva?
—Claro, sólo aplique este líquido en sus labios cada doce horas y no podrá levantarse por un tiempo, aunque hace que levemente pierda la memoria.
—No importa. Sí la pierde puedo darle yo una nueva memoria, una mucho mejor que la que posee. Puedes retirarte.
—Como diga su Majestad. Con su permiso.
—Wolfram, Wolfram, Wolfram. Sabes, sé que me escuchas, no la encontrarás nunca, no hay forma de encontrarla, ella está muy oculta en esta ilusión. Y no te hagas el tonto, sé que me escuchas y de seguro estás planificando una manera de encontrarla, pero es inútil, yo me encargaré de tenerte aquí por siempre — se sentó a un costado del muchacho, dejando en claro su presencia — realmente me gustas, me gusta todo referente a ti, es bueno que esa hada estúpida haya traído algo bueno de una vez, me tiene harta.
>>No sabes lo aburrida que estaba, de vez en cuando me gusta jugar con los viajeros, pero tú, nunca creía que alguien cómo tú se cruzaría en mi camino. Nunca podrás encontrarme, soy invencible. Nadie nunca ha podido vencerme — abrió el frasquito y vertió un buen poco en los labios del rubio, con su otra mano abrió su boca e introdujo unos dedos para que el líquido entrará de mejor manera — sueña…
Su vida en esa pesadilla duraba más y más. No sabía cuántos días habían pasado desde que salió de Shin Makoku, ¿Cuánto le faltaba a Greta para morir? No quería que su niña muriera, no quería que los demás murieran; sólo una semana era lo que duraban, sólo una…Su Greta no le debía de quedar mucho, sí sólo él tuviera la suerte de encontrar esa flor, sí esa flor hubiese sido sólo una planta que crece en alguna montaña no peligrosa, sí hubiese sido fácil de encontrar, nada de esto estaría pasando…Nada. ¿Quién habrá liberado aquel polen? ¿Quién…?
—Wolfram…Aún no despiertas — la voz de niña le acaricio los oídos — Wolfram, quiero que despiertes, que juguemos… Wolfram, Yuuri te echa de menos…
Todas las mañanas eran así, Greta aparecía y le hablaba y él quedaba ahí quieto cómo un cadáver. Sólo escuchaba lo que decía la niña, anhelando que todo en la vida real estuviera bien, con vida…
Todas las noches, Yuuri aparecía se acostaba a su lado y acariciaba su cabello. Le daba a beber ese líquido raro y se dormía abrazado a él.  Ese Yuuri era mucho peor que el verdadero. Los primeros días los había contado, pero pronto perdió la noción de tiempo. Un día decidió dejarlo al destino lo que fuera a pasar. Aquella planta era mucho más fuerte que él y no tenía a nadie de su lado en ese instante; ni aquí ni a fuera.
—Wolfram, despierta. ¡Vamos! — un golpecito en sus mejillas lo hicieron reaccionar. Abrió sus ojos y miro los profundos ojos negros que le daban la bienvenida a ese nuevo día. — Hay que apurarnos, Greta nos está esperando para tomar juntos el desayuno — le ofreció su mano y lo ayudo a salir de la cama.
Sintió el piso helado y la luz que entraba por los grandes ventanales, ¿eso era? No sabía que era esa sensación…
—¡VAMOS! — Yuuri lo guió por el pasillo hasta donde se encontraba Greta. Cuando traspasaron las grandes puertas fue como sí nunca hubiese salido de casa. Su madre, Conrad, Gwendal estaban sentados tomando el desayuno, era una linda imagen.
—¡Wolfram! — su madre se acercó y lo estrecho entre sus brazos —Qué bueno qué despertaste. Estábamos muy preocupado por ti.
—Lo siento madre, por haberte preocupado. Pero ahora estoy mucho mejor— junto con su madre se dirigieron a la mesa y se sentó. A fuera del castillo podía observar una linda imagen: el cielo azul, algunas aves volando junto a los kohi, el ruido de los soldados patrullando y la paz de un día en Shin Makoku. Era cómo todos los días pasados… ¿una vida tranquila?
Después del desayuno él y Yuuri dieron una calmada caminata al pueblo. Compraron un montón de cosas que no entendía muy bien, así que pregunto:
— ¿Para qué son todas estás cosas?
—¿No es obvio? — le lanzo una mirada fugaz — para la fiesta de Greta, ya es su cumpleaños, ¿no lo recordabas? — se acerco un poco y con el dedo del corazón le golpeo la frente — estar enfermo debió de haberte borrado el cumpleaños de Greta.
—¿Ya es el cumpleaños de Greta? Wuauu, qué pronto pasan los días. Realmente no lo recordaba.
—Debemos apurarnos para que la fiesta sea todo un éxito…
—Sí, pero ¿no será mejor pedirlo todo a los sirvientes?
—¿Qué cosas dices? Es mejor si uno mismo lo compra…
—Creó que tienes razón…
—Claro que la tengo… ¡Vamos!— le grito en dirección a una pequeña tienda.
La mayor parte de la tarde se dedicaron a arreglar el salón principal. Para la fiesta acudirían una gran cantidad de personas; vendrían de varias partes del reino, además de algunos humanos.
Ya faltaba menos de dos horas para el comienzo y Yuuri llevo a Wolfram nuevamente a su cuarto y le pidió que se arreglara. Wolfram obedeció. Dentro de sus aposentos se dirigió al closet y de ahí saco una de las tenidas formales que tenía, la tiro en la cama y luego se fue al baño, después de todo estaba sucio.
El suave líquido tibio lo bañaba, se escurría por su cuerpo. Sabía que está noche era la última oportunidad de encontrar aquella flor. Había tendido que mentir a su alrededor, Yuuri no debía de sospechar nada…pero ¿dónde estaría oculta?
—Wolfram, ¿qué haces aquí?
—Me baño.
—Ah… ¿Quieres que te lave la espalda?
—Sí así lo quieres — se dio la vuelta.
Su cuerpo desnudo recibió las manos de su prometido. Una rozo la parte superior, luego la otra por sus caderas; la espuma se formo. A su cerebro le llegaban pequeños choques eléctricos. Si tan sólo eso pasará en la vida real… Aunque sí así fuera, ese muchacho no sería el Yuuri que él conoce.
—Wolfram, Greta estará muy contenta de qué estés bien, además quiero que lo nuestro se confirme. Quiero que les digamos a todos que nos casaremos.
—¡¿Qué?!
—¿No quieres? — se coloco frente a frente del rubio.
—eh… no es lo que quise decir, me pillaste desprevenido.
—Bien, estoy contento. Nos casaremos. — se dirigió y le tomo el rostro con sus dos manos y le beso la frente, bajo por su nariz y deposito un suave pero fuerte beso en los labios del rubio.
Ese no era Yuuri. Yuuri diciéndole esas palabras era para reírse, y no es que creyera que Yuuri nunca se las diría, pero con la personalidad del pelinegro, de seguro tomaría muchos años antes que se le propusiera o simplemente seguiría huyendo. Era cómo pedir que el fuego se convirtiera en agua.
En su habitación se coloco sus atuendos y partió a buscar a Greta. Él era quién la llevaría hasta la fiesta, además que ella así lo había solicitado.
Dio unos golpecitos a la puerta y la pequeña le dio la señal para entrar. Lucia hermosa, un vestido blanco largo, con pequeños detalles alrededor de la parte del pecho hasta las caderas que se perdían como si fuera lluvia al ir descendiendo. La pequeña lo miro y le sonrío inmediatamente.
—Te ves muy linda.
—Gracias.
Embobado se le quedo observando. ¿Su Greta de verdad seguiría con vida? Su niña debía estar aforrándose a la vida ahora mismo, mientras él estaba ahí encerrado.
—¿Vamos? — la niña le ofreció su mano y él se la acepto colocándola entre su brazo como gancho. — ¿Yuuri?
— Está esperándonos en el salón principal.
El camino hacia el salón principal fue demasiado largo para su gusto, era cómo si cada paso que daba se multiplicara por quince; la niña llevaba una sonrisa de oreja a oreja y parloteaba cosas sin sentido, capturándolo con su voz. Su mente se adormecía de a poco. La anestesia estaba funcionando.
La puerta se abrió deslumbrándolos a ambos. Todos los invitados aplaudieron al unisonó, sus palmas chocaban de forma armónica y viva. Las personas sonreían como si ellos fueran sus salvadores y de entre toda esa multitud apareció Yuuri; sonriendo a su hija y a él. Le tomo de la mano a su niña y lo dejo atrás, abrió su boca:
 —Hoy es un día especial, es el día más importante de la vida de Greta. Mi niña hoy cumple años, por ello vamos a celebrar su cumpleaños. ¡Feliz cumpleaños Greta!— mientras hablaba de la parte trasera aparecieron las sirvientas con un gran pastel de varios pisos hacia el cielo.
—Gracias Yuuri…
Los invitados aplaudieron. Se separaron lentamente hacia fuera, dejando un pequeño pasadizo para Greta junto a Yuuri se dirigieran a donde se encontraba la torta. Ambos de la mano, felices se aproximaron y Wolfram los siguió desde atrás.
Se sentía sumamente observado y paranoico. Pero no lo tomaba muy en cuenta, su niña estaba contenta, eso era suficiente para él. Tropezó. ¿Qué estaba haciendo? “Su niña estaba contenta” qué estupideces pensaba. Olvidaba que ese mundo era ficticio.
Cada paso que daba, era como si estuviera acercándose a La Ilusión. La sentía. La podía percibir de ahí, junto a él.
Yuuri llego junto a Greta al gran pastel y Wolfram se puso a un costado siguiendo la mentira. Poso su mano sobre el hombro de la niña. Todos a sus costados abrieron la boca y se  pusieron a cantar.
“Cumpleaños a ti… Cumpleaños a ti… Te deseamos a ti… Cumpleaños feliz…”
Observaba las caras sonrientes de los invitados. Y la de Yuuri.
Cuando se acabo la canción Greta apago las velas y todos aplaudieron. Yuuri le dio un gran abrazo y le dijo que su regalo la estaba esperando en su habitación. Luego de eso las imágenes pasaron muy rápido. Todo el mundo se coloco a bailar, como si fueran a gran velocidad.
Se sentía confundido, pero lucido. Quería saber dónde encontrar la flor y destruirla… Pero sin saber qué o quién era nada podía hacer nada. Camino hasta el balcón y se dejo refrescar por la brisa.
Suspiro.
—¿A qué se debe ese suspiro? — una voz se aproximo a su lado. Dio la vuelta, y ahí estaba su rey.
—¿Qué haces aquí, Yuuri?
—Lo mismo que tú. Quiero aire libre.
—No vine a buscar aire libre, sólo quería pensar.
—¿En qué?
—En nuestra vida —  mintió.
—¿Nuestra vida?  Mmmm… Será así… en unos años más… Nos casaremos y… ¿qué miras?
—Eso — le indico con su dedo el broche que llevaba en su pecho. Le había llamado la atención aquel prendedor.
—¿Esto? Esto es un regalo que me hizo mi madre. ¿Te gusta?
—Eh… s…sí…— su respuesta vacilo. Aquel broche era él que le había regalado cuando fue coronado rey de Shin Makoku. Era su broche…
—¿Lo quieres? En ti se vería bonito. — se lo quito con cuidado de su pecho y se acerco a Wolfram. Tomo parte de la tela y se lo incrusto. Le dio unas palmaditas en los hombros y tomo distancia — Te ves bien con el puesto…
—Gracias —  Sintió una sensación y presencia rara, así qué se alejo un poco de Yuuri y se echo a  corrió hasta su habitación. Simplemente reacciono y se dejo actuar por su instinto.
Yuuri quedo quieto, sin entender nada de lo que había pasado. Wolfram actuaba raro.
 Cerró con fuerza su puerta. Arrastro la cama y la puso sosteniendo la puerta, por si alguien intentaba entrar. Camino hasta el medio de su habitación y con fuerza se saco el prendedor y lo tiro al suelo. No sabía si estaba en lo correcto, pero no perdía nada con intentar averiguar si esa cosa era la flor. Paseo por su pieza unos quince minutos hasta dejarse caer al piso a un costado del objeto. Nada pasaba. Quizás su mente estaba demasiado tensionada e imaginaba que cualquier cosa podía ser aquella planta.
—Tal vez, está es la realidad después de todo… — se tiro al piso y miro el techo alto. Dio varios suspiros y se acurruco entre sus piernas. Quería volver a vivir su vida de antes, todas aquellas aventuras, las peleas, ver a su gente… Quería al Yuuri de antes.
Despertó temblando en el piso. Se sentó adolorido y se percato de que el prendedor no estaba en el lugar que lo había dejado. Se encontraba a unos diez centímetros cerca de la puerta y del se podía escuchar unos leves y lastimeros sonidos. Se paro con prisa y lo agarro entre sus manos. El broche chillo.
—Así qué después de todo, sí eras tú. Devuélveme mi vida y la de los demás — lo azoto al piso y lo pisó. Una, dos, tres veces. Se detuvo y se aproximo hasta su cómoda donde saco una daga (siempre la guardaba allí por sí alguna vez tenía que defenderse) y apuñalo el objeto en el piso.
—Déjame vivir.
—No puedo hacerlo, de ti depende la vida de muchas personas.
—Soy la última de mi especie. Si muero ya nadie nunca sabrá de mí… No quiero morir…
—Eso debiste haberlo pensado antes de esparcir tú polen… Sé qué es así, que te comes a las personas. Vives de sus sueños, vida e ilusiones. Aquel libro tenía mucha información.
—Quiero vivir. Te dejare vivir si me dejas vivir. ¡Eres un buen chico, Wolfram! Puedo hacer que Yuuri te ame…Te desee… Todo lo que tú quieras… TODO.
—No lo necesito. Me gusta que sea así, no lo cambiaria, es y será por siempre un enclenque… Así que muérete r13; le enterró bien profundamente la punta de la daga y el broche gimió un poco más antes de romperse en varios pedazos. Lo tomo en su mano derecha y vio como a su alrededor todo aquel mundo desaparecía como una hoja que le ha caído agua.
Su ilusión se desvaneció.
La cueva estaba completamente a oscuras y a un costado podía observar a la criatura chupar la pared y murmurar palabras en otro idioma. Se levanto con cuidado para sorprenderla. Se llevo su mano a su hombro, la sangre brotaba junto a una mezcla verdosa y putrefacta.
—Veo que venciste a La Ilusión. No lo entiendo, su plan era perfecto…
—¿De qué hablas?
—Me iba a permitir convertirme en Yuuri y estar junto a ti. Nos casaríamos, gobernaríamos un gran reino. Seríamos muy felices, pero sólo te importaba encontrarla y matarla. ¿No quieres a Yuuri?
—Claro que si lo quiero, pero para mí todos los demás también son importantes. Son mi familia y mi pueblo. Nunca permitiría dejarlos morir.
—Qué bello de tú parte. Creó que eso fue lo que me gusto de ti. No sabes cuánto de amo, cuánto deseo estar a tú lado y quedarme ahí por siempre — abrió su boca y emitió una dulce voz.


Nuestro amor está aquí…
El amor, me quiere a mí…
Su hada soy yo…
El amor, me quiere a mí para siempre…”


— ¡¿Qué cantas?!
—Nuestra canción. Sabía que debía de crear un segundo plan si La ilusión no funcionaba, así tú te quedarías junto a mí.
—¿Có…— se apretó su hombro, la sangre no paraba de salirr13; cómo lo harás, sí yo primero te mato?
—¿Matarme, a mí? Es imposible.
—¿Imposible?
—Sí. Yo ya soy parte de ti. Ves…— le apunto a su hombro y lanzo una risita desquiciada—aquel líquido está dando efecto. Se tarda un poco, a veces unas horas, pero al fin estarás aquí—con su dedo alargado índico a su corazón.
Su hombro le daba puntadas y la piel se retorcía en una quemadura sin cicatrizar o marca, sólo sangre. Le dolía y mucho, pero ahora que tenía las hojas de la flor, no podía detenerse por más tiempo. Se guardo en el bolsillo de su traje las hojas. Ahora, sólo quedaba una cosa, eliminar a la Hidrya.
—No te tengo miedo, puedo vencerte— extendió su brazo y una llama empezó a formarse en su puño. Pronuncio algunas palabras al señor del fuego y expulso la bola hacia la criatura.
—! Ah!—qué intentas hacer, eso duele. Eso te dolerá.
— No me importa, mientras mueras y pueda regresar, estaré bien.
—Que necio eres. Tú no lo has entendido. Sí yo vivo, tú vives; sí muero, tú mueres.
—Intentas darme miedo…
—Te lo probaré — abrió su boca y de ella salieron afilados y alargados dientes. Aproximo su brazo y los incoó con pereza y fuerza.
—!AH! — cayó al piso. Su piel se abría y la forma de los dientes se formaba. ¿Esa criatura estaba haciendo aquello?
—Jajaja… ves, esto es lo que obtienes por no creerme.
—¿Crees que soy tan estúpido? — con un movimiento rápido y certero se enterró la daga en su tendón de alquiles. El dolor se esparció por todo su cuerpo, pero no le importo, con tal de poder huir y entregar la flor para la medicina; estaba dispuesto a dar su vida por Greta y su pueblo.
—¡Qué intentas hacer!— cayó al piso y se llevo su mano alargada hasta la herida. No podía caminar así.
—Nada—tomo fuerza y se levanto y suprimió el dolor. Se echo a correr lo más rápido posible.
La cueva ya no tenía esas plantas en sus paredes, estás eran adornadas por ramas secas y sin vida. El color musgo petróleo se esparcía por todo el piso junto a su sangre. Se sentía mareado y somnoliento, pero no se iba a dar por vencido.
—¡WOLFRAM!— el grito se expandió a gran velocidad por todo ese tubo de piedra y maleza muerta.
Corrio.
Diviso a lo lejos la luz, sus pasos veloces por la adrenalina no le permitían detenerse. Al llegar hasta la salida, una ráfaga de viento helado lo golpeo tambaleándolo, perdió el equilibrio y choco con una pared. Sí se sentaba o hacia algo por el estilo, no podría levantarse. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que llego hasta aquí? No había tiempo para detenerse, debía de llegar. Se aferro a la esperanza de llegar hasta Shin Makoku. Eso y nada más.
Alguno que otro rayo de sol aparecía en lo lejano, era de mañana.
—¡WOL…!— los ecos se escuchaban desde lo profundo de la tierra.
Bajo la colina con cuidado, estaba demasiado empinada. Y no podía mantenerse muy bien. Su pie no daba mucha ayuda. Su corazón golpeaba las paredes de su pecho, su fuerza aumentaba y disminuía a grandes velocidades. Una mala pisada hizo que la roca se desprendiera y rodara hasta la falda colina.
Lo único que sintió fue un golpe en su cabeza y nada más.
— ¡WOLFRAM!— una voz conocida grito su nombre.




Comentarios

Entradas populares de este blog

Comentario: Nada menos que todo un hombre por Miguel de Unamuno