miércoles, 28 de marzo de 2012



Nota: Historia ChicoxChico / hombre con hombre; sí no estás de acuerdo con éste tipo de relación no lo leas. ¡Estás advetid@!



Mi deseo… eres tú
Autor: Suou



 


“En este mundo,
Un hada busca su otra mitad,
Bajo un cielo gris, lo encontró.
Y el mundo de él, la alejo.”


Capítulo IV “Su regreso. Misión.”










En medio de la noche despertó. El sueño había sido completamente diferente a los anteriores y nunca había presenciado aquella angustia de su prometido. Algo estaba sucediendo en Shin Makoku y no iba esperar a que el día llegara.

Se levantó sin emitir ruido alguno y se coloco ropa, para disponerse a regresar a su reino.

—Yuuri, ¿Qué haces?— preguntó su madre antes que su hijo bajara de las escaleras.

—Lo siento madre, pero debo de regresar a Shin Makoku.

— ¿Qué?

—No te preocupes… Adiós.

—Cuídate…

El joven se perdió entre las escaleras. Llegó al baño y se tiro a la tina. El remolino lo absorbió dando vueltas y vueltas. En cierto modo ya se había acostumbrado tanto de ir de aquí para acá, era muy normal aquellos viajes por los dos mundos.

Sacó su cabeza del agua. Nadie lo esperaba y aunque en el reino estaba oscureciendo algo no estaba bien. El aura que sentía era oscura y turbia.

Salió de la pileta y se dirigió hacia el castillo. Mientras salía del templo del Shinou, ninguna de las doncellas se presento o apareció, cosa que le extraño, ni Ururike se mostró. ¿Qué estaba sucediendo?

Al pasar por el pueblo, ningún aldeano apareció y todo estaba detenido, pareciendo algún pueblo fantasma de película de terror.

Una opresión muy fuerte en su pecho le indico que debía de apresurarse.

Al pasarse por las altas puertas, que resguardaban el castillo, se dio cuenta que ahí, algo sucedía. No había casi guardias (unos tres o cuatro patrullaban), deambulando cansados. Se acercó a uno de ellos preocupado:

— ¿Qué ha pasado?— preguntó sin saludar, pero al verlos de más cerca no tuvo oportunidad alguna de decir algo diferente.
—Majestad. — pronunció uno.

—Todos han enfermado. Su excelencia Wolfram fue en busca de la medicina…— hablaba el otro, que había visto que Yuuri se acercaba a su compañero.

— ¿Qué? ¿Enfermado todos?— interrumpió.

—Si, la señorita Gisela esta dentro del castillo averiguando más sobre está enfermedad. — le dijo.

—Gracias. — salió corriendo escaleras arriba, pasó por los pasillos y dobló en una esquina, hasta llegar la biblioteca. Toco la puerta y entró sin esperar:

—Permiso. — miró adentro buscando a la mujer. En medio del cuarto, delante de la ventana; la luz natural entraba y Gisela se encontraba sumida en los libros, completamente dormida. —Gisela-san— le dijo a unos centímetros de ella, tocando levemente su hombro.

—Mmm…un poco más…

—Gisela-san— volvió a llamar, con un grado mayor de intensidad.

—Quiero dormir… ¿Dónde estás?— pronunció moviendo su mano de lado a lado, tocando los libros.

—Gisela-san, soy Yuuri. — Palpo su mano. La joven se despertó de una y observó a Yuuri, entre contenta y confundida.
—Majestad, ¿Cuándo llegó?

—Recién, ¿Qué ha pasado con todos?– soltó de una.

—Bueno, Majestad. No sé cuando pasó, pero de hace tres días los pobladores, soldados y la mayoría de la población ha caído enferma.

—Y ¿Qué es?

—El síndrome de la Bestia.

— ¿El síndrome de la Bestia?

—Una rara enfermedad, que es causada por el polen de la flor Bestia. Hace 2500 años ocurrió y todos murieron.

— ¡¿Qué?! ¿Todos? ¿Sé puede currar?

—Con la extracción del bulbo se crea una infusión con la cuál las personas recuperan su salud.

— ¿Dónde hay que buscarla?

— No es necesario, Wolfram fue en su búsqueda

— ¡¿Qué?! ¿…l sólo?

—Si. Solo se puede ir sólo, ya que el lugar que rodea la planta es muy peligroso, está rodeada por ilusiones y todo tipo de trampas y es mucho más difícil de salir si se va de dos o más.

— Pero, ¿Wolfram, va estar bien?

— ¿Majestad?— lo miró. Sonrió con entusiasmo y desvió la mirada. — Si, volverá con vida. — realmente creía en sus palabras, aunque sabía que está sería la misión más difícil del joven Wolfram ha enfrentado y pasara lo que pasara llegaría con la flor.


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Su caballo galopaba salvajemente en dirección de la montaña; no podía retrasarse, Greta corría un gran peligro, podía morir si no se daba prisa.

Rápidamente, cuando termino de atravesar el bosque, el clima cambio dramáticamente. Comenzó a llover fuertemente, mojándolo, cosa que no le gusto para nada. Ya que su ropa comenzó a quemarse y su caballo emitió lastimeros sonidos. Con algo de temor se aproximo a la cueva más cercana, donde la lluvia no los tocará. Junto unas cuantas ramas secas que encontró y les prendió fuego. Su ropa lucia terrible, pero le preocupo más su caballo. ¿Cuándo terminaría de llover? Se preguntó mirando afuera con preocupación.

—Greta… — pronunció inconscientemente y llevó sus manos al fuego. Sentía un ligero cambio de temperatura. Ya cuando pasaron unos minutos, el frío era casi insoportable y allá afuera no paraba de llover. Se acercó a su caballo y se acurrucó junto a el e hizo dos fogatas más a su alrededor para minimizar el frío que se sentía.

Miraba el fuego. Las llamas daban un suave baile cuando un viento se acercaba y reían cuando Wolfram las miraba. Le pareció extraño ver que el fuego se riera, pero sabia muy bien que cerca de la planta que necesitaba, habían varias trampas y la principal era, la ilusión. De seguro que lo era.

Sus ojos intentaban cerrase, pero sabia muy bien que no debía conseguirlo. Lentamente no lo soporto y cayó dormido en el suelo, junto a su caballo.

La lluvia había cedido, junto al suave arrulló del príncipe.


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—Greta, ¿Cómo te sientes?— le preguntó, tocando la frente de la niña, que despertó un poco afligida.

—Yuuri…

—Si, soy yo.

—Regresaste…Que bueno. — le intentó tomar la mano, pero le faltaban fuerzas para hacerlo. — ¿Wolfram?

—Volverá pronto. — le sonrió y le tomó de la mano, apretándola con la suya.

Dejó a la niña en su cuarto y comenzó a visitar a todos los del castillo.

Cuando entró al cuarto de Conrad, esté lucia profundamente dormido; las mejillas brillaban por el sudor y la leve marca roja. Su corazón se acelero un poco. Todos ahí eran tan hermosos que a veces se deprimía por ser tan común y poco atractivo.

Con un poco de desesperación dejo el cuarto de Conrad que dormía, no lo despertaría. Debía de estar bastante enfermo si estaba durmiendo, ni se inmutó cuando entró.

Caminando por los pasillos pasó al cuarto de Gwendal. Lo encontró activo, tejiendo. El hombre le quedó viendo y le permitió entrar con una inclinación de cabeza.

—Buenos días Gwendal. ¿Estás enfermo?

—Buenos días, Majestad. — lo saludo y el Maou respondió acercándose. —Si, pero no tanto como los demás. Pero me han dicho que permanezca en mi cuarto.

—Ah…

—Aunque Conrad está bastante mal, al igual que Greta, y algunos soldados también…

— ¡Algunos soldados!

—Claro, ¿Vio a alguien cuando llegó?

—No.

— ¿Qué hace aquí? No lo esperábamos, aún.

—Je jeje, es que tuve un mal presentimiento que iba a pasar algo.

—Mmmm, ya que está aquí, podría hacer el trabajo. No puedo salir y los papeles se están acumulando, además casi no hay personal.

— Está bien. — se levantó y fue a la puerta.

— ¡Ah! Majestad.

— ¿Si?— dijo antes de abrir la puerta.

—No visite a nadie más.

— ¿Por qué?

— Podría contagiarse. Supo que Wolfram fue a buscar la medicina, ¿verdad?

— Si.

— Lo más seguro que Wolfram venga enfermo. Necesitara de alguien sano.

— Si, lo pensaré.

— No lo haga. No es una enfermedad cualquiera.

Yuuri dejo el cuarto y fue a la oficina a hacer los papeles.
El castillo estaba muy callado. Y no tenia sentido alguno firmar papeles sin que nadie lo reprendiera. Además no había nada de ruido y eso era espeluznante, ya que si algo caía iba a resonar en todo el castillo.

Se estiró y soltó sus manos. Echo la silla para atrás y se fijo en el cielo y el sol tan brillante y amarillo.

— ¿Estarás bien, Wolfram?— la pregunta salió de sus labios despreocupadamente, sintiendo de paso un mal sabor en su boca y una puntada en su corazón.


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Sintió que alguien tocaba su frente. Era una mano cálida y un poco conocida. Sus párpados pesaban y no podía abrir los ojos. Pero sonrío.

—Yuuri. — pronunció.

—Si, Wolf…

— ¿Qué?— despertó exaltado. Lo vio frente a él. — ¿Eres tú?— le preguntó desconfiado.

—Claro. ¿Quién más podría ser?

—No te creó, respóndeme, ¿De qué color es el pijama que envió tú madre?

— ¿Qué dices Wolf?— se acerco y le acaricio el rostro, lo llevo a su pecho y le tocó los cabellos dorados con ternura.

—responde Yuuri, ¿Puedes ser mentira?

—Está bien. Rosa, con un listón rosa oscuro en el comienzo. Y debo decir que luces hermosos con el puesto, además de verte más sexy de lo que eres. — le toco la cintura y lo atrajo de manera un tanto extraña a su cuerpo. Quedando Wolfram con ambas piernas separadas por el cuerpo de Yuuri.

— ¿Qué haces, Yuuri?

— Lo qué tú siempre has deseado. —lo abrazo con fuerza.

— ¡Déjate! —lo alejo con sus brazos. Lo conseguiría, era más fuerte que Yuuri.

— Vamos Wolf, ¿No me amas?

— ¿Qué cosas estás diciendo?

— ¿No me amas?

— No. Sólo soy tú prometido.

— ¿No me amas? Entonces, ¿por qué sigues a mi lado?

— Porque no puedo romper contigo. ¿Dónde quedaría mi orgullo?

— Eres tan lindo, me encantas. — fuertemente lo agarró de la barbilla y lo beso.

Profundamente se metió en la boca del rubio y no permitió que lo rechazara, haciendo que sumisamente Wolfram bajará la guardia. Una vez que sintió que Wolfram perdía fuerzas, comenzó a depositarlo en el piso, colocándose sobre él, dejando que sus manos se internaran por la camisa blanca.
Toco lentamente la piel sedienta, mientras intentaba aguantar más la respiración, pero viendo que muy pronto el rubio no podría respirar, termino el beso.

—Sabes delicioso. — le sonrió, besando el cuello.

—Yuuri…

—Wolfram. — levanto poco a poco la camisa del joven, mientras que impulsivamente lamia la oreja.

—Tú no eres Yuuri— lo dijo, haciendo que el pelinegro se detuviera y lo mirará.

— ¿Qué dices?

— Yuuri, nunca me haría esto.

— Wolfram, ¿qué dices? Soy yo, Yuuri, tú amor.

— Ves, ahí está la prueba.

— El ni siquiera se me ha confesado. Y lo único que dice “Somos amigos”

— Pero…

— Nada, ¿Puedes dejar de tocarme?— lo miró con rabia.

— Si. — salto a un costado y se transformó en una extraña criatura.

Se arreglo la camisa. Observo que su caballo estaba durmiendo aún y que había terminado de llover. Para luego dirigir su mirada a esa cosa en forma de gato, aunque tenia un color verde musgo, el cabello era mas bien escamas que salían igual como si fueran bigotes por todo el cuerpo, sus ojos grandes color negro, que por alguna razón se parecían a los de Yuuri, aunque la criatura era bastante fea.

— ¿Vives, aquí? — le dijo sin miedo en su voz.

—Si.

— ¿Me puedes llevar donde la flor de la Bestia?

— ¡¿Qué?! ¡No! Claro que no, no puedo llevarlo a la flor “sin alma”. No quiero morir. — se asustó y se escondió entre las rocas.

— ¿Qué? ¿Sin alma? …Por favor llévame hasta ahí. Te daré lo que quieras.

— ¿De verdad?— apareció nuevamente frente al muchacho y sus ojos brillaron.

—Si. Dime.

—Está bien. Quiero que me lleves contigo, cuando la obtengas.

— ¿Por qué?
—Sólo yo lo sé, no tengo porque decírtelo.
—Está bien.

La criatura volvió a tomar forma de Yuuri y le apretó la mano.

— ¿Por qué te transformaste en Yuuri?

—Es la persona que más aparece en tú mente. — Eso era mentirá, pero era la forma de mantenerse cerca de su “ángel”

— ¿Viste mi mente? ¡¿Cómo te atreves?!— le dio un fuerte golpe, dejándolo botado en el piso.

Apago el fuego, mientras su caballo despertaba y se ponía en pie. Salieron de la cueva y monto el animal. Le ofreció la mano a “Yuuri” y lo dejó que subiera tras él. Instintivamente Yuuri se afirmó de la cintura del joven.

Con pasó ligero avanzaron a la montaña, aún faltaba un largo tramo para encontrar la planta y salvar a Shin Makoku.

El sol brillo raramente, junto a la criatura detrás del Wolfram.




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