domingo, 26 de febrero de 2012

Relato: El aleteo de la mariposa


Hola, nuevamente aquí. Está vez les traigo un relato que hice para participar en Fictopia en rosa, donde las historias debían ser de amor, pero sin final feliz. Pensé mucho que tipo de historia iba a presentar, comence con otra historia, pero iba a ser demasiado larga; así que comence con otra, está era "El aleteo de la mariposa". Una historia que ha estado guardada en mi cabeza por más de cinco años.
Espero que les guste.







Título: El aleteo de la mariposa.
Autor:  Ann Suou
Clasificación: Todo público.
Género: romance.
Estado: Terminado.
Pueden leerla: abajo o fictopia
Resumen: ¿Cómo una persona se enamora? Observa a alguien, ahí, a su alrededor y dice: "sí, es esa persona", apuntando con su dedo. O simplemente huele su aroma a distancia y se acerca, y le susurra un suave: "hola".

Notas de la autora:

Como escribí arriba, la historia llevaba más de cinco años en mi cabeza y estoy super contenta que la haya podido plasmar ahora. Es una linda historia sobre dos personas que se aman, pero nunca se lo dirán, quizás por temor, timidez o simplemente por ser un par de cobardes que no se armaron de valor y se hablaron. Pienso que éste tipo de historias están en la vuelta de la esquina, en todos lados. Dos personas que se gustan, pero temen que el otro le rechace. Siempre hay cosas así.

Les invito a leerla, quizás se sientan identificados o sepan de alguien que le paso.

Nos vemos en otra oportunidad.

PD: He estado pensando que quiero subir otras cosas, así que iré viendo que tal.




El aleteo de la mariposa
Ann Suou

Siempre me pregunté, ¿cómo una persona se enamora? Observa a alguien, ahí, a su alrededor y dice: “sí, es esa persona”, apuntando con su dedo. O simplemente huele su aroma a distancia y se acerca, y le susurra un suave: “hola”. La verdad no tengo la menor idea de cómo una persona se enamora, lo más probable es que sólo pasa, como un pestañeo o un pensamiento.
Toda mi vida he estado pendiente de los demás, me gusta observarlos, mientras veo sus defectos y virtudes. Me fascina expiar la vida de otros, en especial el de las parejas. No entiendo el porqué están juntos, sí a veces pelean, se hacen daño o se besuquean. No logro comprender qué significa amar, aunque desearía poder experimentarlo… sólo un poco…
Nunca me he enamorado de alguien o sentido atraída hacía alguna persona. Me gusta mi vida, rutinaria y aburrida. Toda mi vida ha sido así, desde que puedo recordar. Creó que no encajo en la sociedad actual, no soy normal, porque no me gusta nadie. Mis padres siempre preguntan sí ya tengo algún pretendiente, o mis amigas se ríen cuando alguien me sonríe y yo tontamente oculto mi rostro todo colorado. Soy una persona tímida, nada puedo hacer por ello.
La alarma comienza a sonar con estruendo. Son las seis y media de la mañana y debo prepararme para ir al colegio. De lunes a viernes es igual, me despierto, me baño y luego desayuno, salgo a coger la micro y voy al colegio. Es aburrido, siempre lo mismo, los mismos rostros y gestos, no hay nada bueno.
Me despido y salgo a la calle. Camino con lentitud, mientras observo el cielo nublado. Miro mi reloj y apresuro el paso, pronto aparecerá mi locomoción. Llego hasta la esquina y me junto con el montón de escolares en un solo tumulto. La micro muestra a lo lejos su cara y todos se empujan en la esquina, donde en unos minutos más se detendrá.
Al subir, pago mi pasaje y me siento en la cuarta fila, al lado de la ventana. Y miro sin fijarme en nadie, simplemente ladeo mi rostro al paisaje. Y la micro comienza a moverse nuevamente. De vez en cuando la locomoción se detiene para recoger a sus pasajeros, pero nadie se sienta a mi lado. Muchas veces pasa, quizás tenga peste; al principio me preocupaba y me olía para ver sí era aquello, pero no. También pensé que era por mi rostro, quizás tenía algo en el. Al final poco me importo, hice una barrera y pretendí que mi asiento era sólo para uno.
Sin querer me fije un día, en quiénes se subían en la séptima parada, y ahí lo vi por primera vez, luego que una señora pasará entre los asientos.  Mi corazón se detuvo, un extraño sudor me cubrió por completo y sentí que lo conocía desde hace mucho. Nuestros ojos se encontraron y ambos nos cohibimos. Volví a mirar por la ventana. 
Ése día mi vida dio un ligero cambio. A partir del momento en que lo vi, mis ojos siguieron buscándolo todos los días. Mi corazón se alegraba de verlo cada vez que aparecía en la séptima parada y se llenaba de tristeza cuando no lo encontraba. ¿Eso era amor? ¿Estaba enamorada? No lo comprendía del todo, simplemente me gustaba verlo, sólo un instante y retener en mi mente su rostro y su cuerpo.
Aquel día me encontraba perdida en la ventana de la micro y sin saber cómo, él se sentó a mi lado. Mi pecho comenzó a latir con furia, mis manos sudaban y mis ojos instintivamente lo miraban desde el reflejo de la ventana. Fue ahí cuando por primera vez escuche su voz:
—¿Me dices la hora, por favor?
Levanté la manga de mi chaqueta y me fijé en la hora, para luego recitarle:
—Son las 7: 30— al final mi voz se quebró y gire mi rostro colorado a la ventana. No hubo más palabras. Pero a partir de ese día nunca más se sentó a mi lado, ni tampoco me habló.
Cada mañana lo veo subirse y pasar por mi asiento, pero éste siempre está ocupado por alguien más. Me gusta observarlo desde lejos y pensar que será de su vida, pero una vez que me bajo de la micro, esos pensamientos desaparecen por completo. Sólo cuando lo veo, mi mente lo reconoce, pero después es cómo sí no existiera.
Me gusta, pero no puedo acercarme a él. Temo que me mire con extrañeza y que se ría de mí. Además, ¿para qué crearme ilusiones, qué sé que nunca pasarán?
Y así cada semana, esperaba verlo e imaginar nuestras conversaciones. Los temas que hablaríamos y como poco a poco nos volveríamos amigos y luego, quién sabe qué.
Así fueron mis días de escolar, esos dos años me imagine muchas formas de hablarle, pero ninguna funciono, mi miedo no me dejo. Pero hoy mi último día en el colegio, aunque lo vi y quise acercarme para hablar, me fue imposible, temblaba y mi voz se sentía muy nerviosa. Allí, sentada en la cuarta fila, me fije en el paisaje y sólo lo observe desde lejos. Pienso que soy cobarde, porque aunque me gusta no me acerco y me digo a mí misma, el destino no quiere que estemos juntos… Soy una persona cobarde que no quiere avanzar… y mañana ya no podremos volver a mirarnos, él quizás encuentre a alguien más.
La micro se detuvo en mi parada y empujando a todos, me baje. Simplemente sentí sus ojos sobre mí, pero no di la vuelta, ese era el final para ambos. Baje los escalones y emprendí mi caminata diaria hacia el último día de clases. Desde el fondo de mi corazón le desee lo mejor y que fuera feliz con alguien qué sí se atreva a hablarle, porque yo nunca podré hacerlo; aunque quise, siempre falle. Después de todo, yo nunca me he enamorado, sí no se habla a la persona que te gusta, eso no es amor… no lo es… eso pienso.

 Fin.




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El aleteo de la mariposa por Ann Suou se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
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