domingo, 27 de noviembre de 2011

Relato: Dulce pecado



Dulce pecado




Estado: Términado.
Categoría: Drama, vida.
Resumen:
Perdida en un espacio de ilusión y sin equilibrio, intenta encontrar lo que ha perdido.
Aquellas palabras que deseaba repetir hasta desaparecer...pero se encuentran trabadas en su garganta.
Un mundo lleno de extraños sucesos, que la mantienen prisionera sin poder liberarse.

Puedes leerla: Fictopia
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Extracto:



Sí todas las preguntas fueran fáciles, todas aquellas personas qué, pasan su vida buscando la respuesta correcta, no entrarían en la duda constantemente. Entenderían que es lo correcto y continuarían su camino, felices… 



 Palabras de la autora:

Dulce pecado es un relato sumamente antiguo. Lo escribí por alguna razón que no recuerdo, pero a medida que lo iba escribiendo me gustaba más y más. La verdad quería que fuera muy largo, pero resulto sólo estás pocas hojas.



Dulce Pecado
Por Suou


Divago entre la tierra y el cielo, entre aguas oscuras y brillantes, entre medio de una luna carmesí y gigante…
El calmado viento de pequeños fragmentos sobreviene, se distorsiona al ser escuchado por las aves que sobrevuelan, entre las nubes que se forman abriendo sus alas, lo más que pueden, intentando surcar ese inmenso cielo azul.
La calma y el rencor se unen.
Su cuerpo carece de fluídez, de constancia…de vida. Se encuentra, ahí tendida, dejándose amar por ese líquido que le cubre.
Brillando con encanto, la luna menea su luz fluorescente, intentando darle vida a ese cuerpo, que dormido se encuentra.
¿Qué significa flotar en un mundo dispar e irreal?

<<Sí todas las preguntas fueran fáciles, todas aquellas personas qué, pasan su vida buscando la respuesta correcta, no entrarían en la duda constantemente. Entenderían que es lo correcto y continuarían su camino, felices… >>

Sus extremidades quietas, rozando el suave líquido, bañándose e impregnándose de su olor salado y amargo, de momentos que deseaba olvidar o simplemente sepultar; para sólo volver a lo que era antes.
Una muñeca.
Sus ojos abiertos, contemplando el cielo. Millones de estrellas la observan y millones de nubes la reflejan. Pero no alcanza a ver nada más allá de unos cuantos centímetros.  
Murmura en silencio inmóvil. Palabras que debería de recordar, porque son suyas y de nadie más. Pero las pronuncia, sabiendo que nunca sabrá su significado. Porque ya olvido su razón.
Sus ojos brillan mucho más que esas tontas estrellas frente a ella.
Y murmura.
Y se agita.
Y vuelve a pronunciar una y otra vez la misma palabra…
…ra...zón…
No logra callar, porque las palabras las tiene incrustadas como piedras en su garganta. Desea sacarse el peso, dejarlo ir…
Instantes en los cuales se interna, quieta en aquel mundo sin tiempo.
—Deberías de callar. — una voz surge desde el abismo de su alma. — vamos, cierra tú boca. Ya es hora. — Decía calmadamente, intentando saber y adivinar cuál sería la respuesta de aquella joven.
Una pequeña onda se figuro en torno al cuerpo. Y luego muchas más. Poco a poco se iban formándose, deslizándose y removiéndose; formando otras figuras.
Llovía.
No era una lluvia cualquiera, no eran gotas cristalinas, puras. No, no lo eran. Eran negras y azuladas; Gordas y brillantes.
Caían, mojándola.
Resbalaban entre su piel desnuda. La abrigaban, para luego volverla completamente helada. Pero sus ojos se mantenían abiertos, las gotas no llegaban allí.
Pronunciaba:
Te…— no logrando terminar. Las palabras se esfumaban.
Un rayo descendió estridentemente, rompiendo el majestuoso sonido y paisaje de esas gruesas gotas. Cayó iluminando todo.

Un bosque, unas hojas verdes, una hierba larga y agreste; un cielo tan azul, como el mismo azul; un camino largo y terroso…Y risas.
Imágenes.
Capturas de algo, de fragmentos de su mente. De un día que ya se fue.
La risa constante y risueña de aquella persona, de alguien que no sabe quién es. Intentaba recordar, pero era inútil. Cerraba su boca y sus ojos. Y la lluvia la empapaba por completo.
Y no recordaba.
Y no sentía una milésima de lástima de sí misma.
Y creía llorar al cerrar sus ojos, aunque sabía que no eran suyas, porque ya se había secado.
No tenía nada.
La dicha en su pecho se agolpaba. Alguien más lloraba por ella. Alguien más buscaba su escondite.
Te…— volvía a decir sin terminar la frase.
¿Cuánto habrá gritado y llorado ese cielo?
Nunca lo supo, sólo se dejó caer profundamente, y la luz de la luna le volvió a iluminar, secándola y arropándola en su regazo cálido.
El silencio volvió a llegar y ella nuevamente abrir sus ojos, en espera de algo más. Algo que creía que buscaba y anhelaba, pero qué nunca encontró.
Te…e…— dijo. Debía de terminar la frase, sino lo hacía ya no habría sentido alguno seguir ahí, en ese “algo”, por el cuál continuaba.
Segundos.
Minutos.
Horas, quietas y serenas.

La marea comenzó a agitarse sutilmente. A golpear su cuerpo, demostrándole que debía de moverse. Pero la joven no quería ni deseaba seguir moviéndose; por ella, simplemente todo debía de seguir igual. Nunca sentir movimiento alguno, nunca más…nunca más.
Se fueron formando pequeñas y deformes olas. Su espuma comenzaba a darle forma y movían el cuerpo que se encontraba, mirando el cielo una y otra vez.
Las estrellas brillaban, fluorescentemente danzaban.
La luna reía a medida que iba ocultando a través de las nubes…Y reía sin dicha ni gracia.
—…x…— y no lograba entrelazar las letras. Pero no estaba conciente de ello. No, porque no quería, sino, porque nada se podía hacer.
Las olas la mecían de un lado a otro. No tenía miedo, ni angustia, ni sentimiento alguno que fuera a volcarse.
El mar la mecía de aquí para allá. Envolviéndola y secándola a la vez.
Las nubes se teñían de colores cálidos, como si el sol fuera a nacer o morir a la vez, pero nunca aparecía. No era necesario y eso lo sabía.
El suave sonido de la plenitud, le hacía caer en un estado de intranquilidad. Se llevó sus manos a su cara, para hacer un movimiento repetitivo del pasado. Se encontraban teñidas de azul, igual que el cielo que aparecía ante ella.

 << ¿Las estrellas aún se encontraban allí?>>

Sus manos manchadas, que parecía que iban a desaparecer si las seguía mirando, las llevo a su cuerpo y rozó su mejilla, intentando despertar en ella un recuerdo frágil y remoto, mientras una ola gigante se aproximaba desde muy lejos, sólo mostrando una pequeña parte de sí.
Un roce más. Y nada.
Su mirada se mostró ida y triste; no entendía el porqué, no recordar… Su mejilla marcada por ese color frío, adornando su pálida piel.
El sonido de romper de las olas llegó a su oído, el olor salado llegó a su fosa nasal, inundándola de algo que ya había vivido, y el suave y cálido sol que la abrigaba desde lo alto.
La ola la devoró.
Mientras daba vueltas y su respiración se dejaba estar, sentía la sensación de estar nuevamente en la playa disfrutando; escuchando el alboroto de las personas, los niños corriendo y haciendo castillos de arena; el agitar desenfrenado del agua que llega a la orilla y el suave y reconfortante sol, que ilumina con excesiva luz a aquellas personas.
…Esas personas que se encontraban bajo el quitasol, le parecían familiares…
Las burbujas la golpeaban, mientras daba vueltas y vueltas, carecía de color, pero no eran trasparentes, sólo no tenían un color definido.
No hacia nada. No deseaba salir de esa corriente, quería saber hasta donde la llevaría… Y ¿Si nunca acabará? No importaría…

Las gaviotas en lo alto, cantando sin parar, haciendo que aquellas imágenes aparezcan una y otra vez.
Las burbujas en sus oídos se encontraban gritándole. Su boca se abrió por inercia, adentrándose el agua…salada y amarga…
No respiraba.
Y no importaba…
t…— dijo antes de caer en el remolino.
Cuando despertó, notó que no podía moverse, ni su voz salía. Y la noche la atormentó en su sigilo inusual. Cuando su encuentro con lo desconocido la retuvo, parpadeo varias veces buscando algo más que mover, pero su visión se fue nublando, al ver que de pronto sus ojos se llenaban de un líquido que intentaba retener en su interior; sus manos se lograron mover y las llevó a su rostro para limpiarse y dejar de sentirse patética. Mientras la luna reía junto a las nubes, ante la torpe forma de ser de la muchacha.
¿Qué sacaba con lo qué sentía en su interior? ¿Le hacía se más valiente? ¿Le daba fuerzas?
Intentaba contenerlas, pero por nada dejaban de caer, como si tuvieran vida propia…—por favor…—pronunciaba extenuada dentro de su mente, rogando a que pasara. Ella era fuerte; los fuertes no lloran, no necesitan de sentimientos… ¿De qué servían, si no valían nada en el mundo?
—Niña tonta— de pronto pronunció una voz distante y lejana, en aquel amplio espacio infinito y negro.
—…r…—continuo. Sabía que debía de terminar la frase. Cuando al fin logrará pronunciarla por completo, ya no necesitaría su valor, ni su testarudez para seguir… sería libre…
Las nubes bañadas de luz del sol que aparecían rápido y sin avisar a nada, se asomaban desde el infinito mar, lejos como si fuera el fin en ese mundo pequeño…lentamente fue tocándola, dándole brillo, al tiempo en el cual, sentía que su corazón dolía…
—…a…— la primera vocal que sus oídos llegaron cuando era niña.
Y su corazón dolía…toda su vida había dolido, aunque el médico le reviso, sólo le encontró buena salud. Pero su corazón dolía, era como una gran piedra incrustada en alguna parte, que no dejaba circular bien la sangre. Y su mente la dominaba, creaba paredes y fachadas, para que todos le regalaran sonrisas, falsas pero deseadas sonrisas; porque para ella era lo más maravilloso coleccionarlas en su mente, para esculpirlas en retratos…
Pero su corazón seguía doliendo, aunque cambio, aunque hizo que otros querían que hiciera…el dolor no cedía, seguía allí persistiendo y enfrentaba el dilema de ser invisible, para que, así nadie se diera cuenta de lo que ocultaba y preguntaba constantemente a quienes se acercaban a ella: — ¿Cómo sabes si lo invisible, puede ser invisible? ¿Lo sabes?—, pero evitaban contestar tan tonta pregunta; le daban una sonrisa y con gusto ella la aceptaba y la agregaba a su colección.
—…ñ…—
¿Por qué era ese tipo de persona? ¿Por qué no fue alguien diferente? ¿Por qué todo lo que pensaba y veía era algo bueno o malo? ¿Por qué no arriesgarse?
—Lo siento…— solía decirle a aquellos que se acercaban a ella y los repelía con tal pobre frase…
Con el tiempo aprendió a ocultarse, a cubrir su verdadero ser…ése ser a nadie le gusta. Había aprendido a actuar y a cada una de las personas que, se le acercaron le dijo su forma de ser…

El sol la sumió en un calor agotador y doloroso. Los días avanzaban muy rápidamente, eran como si cada diez minutos fueran un nuevo día.
¿Cuánto más seguiría divagando en aquel paraje? ¿Qué es lo que buscaba…perseguía?
Los luminosos haces de luz la golpearon por completo. Su rostro recto al cielo, sin dejar de mirar la amplia bóveda anaranjada.
La corriente la movía con suavidad, llevándola lentamente por el amplio mar. Dulcemente mecida, mirando el cielo sin pestañar, intentando recordar el por qué estaba allí, sin entender muy bien su estadía en aquel lugar…
—…o…— en un momento salió la vocal abierta de sus helados y rosados labios.
Sus dedos dolían por el frió. De su boca empezó a salir el aliento helado, su cuerpo comenzó a temblar levemente y luego de unos segundos se sacudió ferozmente, junto con leves convulsiones, mientras el sol la bañaba en su regazo caluroso… ¿Qué era la vida?
Su corazón palpitaba agitándose con cada sacudida, y el agua se iba poniendo turbia. La joven vio en lo alto del cielo, una gaviota volar, mecía sus alas, mientras el viento daba una mimosa ventisca…
Sus ojos se abrieron grandes…
¡TE EXTRAÑO!— gritó. EL agua la cubrió.
Recuerdos intensos se mezclaron entre ella y el mar. Sus piernas moviéndose rápidamente… sus labios rojos se destiñeron al sentir un beso… la sangre brotaba de alguien, su mano estaba manchada.
―Lo siento…— decía un desconocido con una sonrisa en sus labios. —…eres mía.
Y el mar la cubría mientras el sol se apagaba en lo lejano del horizonte…
Sus cristalinos ojos desaparecieron en las aguas tumultuosas y verdes, y sus lágrimas se mezclaron…
Lo extrañaría por siempre…. Extrañaría a aquel hombre que vio muy dentro de ella. Nunca debió de ser testaruda, debió de haber entrado y hablar con él, pero dio la vuelta, lo daño.
—Lo siento…
Lentamente fue hundiéndose y millones de burbujas la rodearon… Se marcharía al fondo del mar, en una eternidad prolongada por siempre. Movió por última vez sus labios llamándolo. Estiró su mano para que alguien se la tomara, pero, sabía en su corazón que eso ya era imposible…
Las burbujas danzaban iluminándola hasta descender…
Los rayos de la luna la alcanzaron, permitiéndole permanecer perfecta…
Y las nubes le regalaron la lluvia que necesitaba para marcharse tranquila…
Te extraño
Desapareció, cerrando sus ojos.


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